Punto y final .

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Cuando era fumador, al principio, no me planteaba dejar de fumar. Simplemente no me consideraba una “fumador”. No sé cuántos años estuve así, no lo recuerdo. Estaba seguro que yo podía dejarlo cuando me lo propusiera.

Más adelante, aún siendo muy joven, tuve algunos intentos de dejarlo, pero siempre llegaba una situación que me animaba a volver a cogerlo: una fiesta, algún café con amigos, salir de copas, etc.

A los años, decidí convertirme en una persona no-fumadora. Entonces fue cuando comprendí que me costaba dejarlo. Probé con cigarrillos bajos en nicotina, mentolados, tabaco en pipa, tabaco de liar (me compré una de esas maquinitas que te permiten fabricar tus propios cigarros en casa)… pero nada resultó. Me regalaron un libro para dejar de fumar. Recuerdo que no logré dejar de fumar con él, leía intentando buscar motivos que me llevaran a pensar que el libro no servía para nada. La lectura fue rápida, saltando frases, incluso renglones enteros que no me parecían importantes. Intentaba cuestionar al libro, no a mí (ése fue un gran error que por entonces no percibí).

Años más tarde, en una ocasión, dejé de fumar 3 meses. Me fue tan sencillo en ese intento (no sé por qué), que volví a fumar pensando que podía cogerlo y dejarlo a mi antojo (otro gran error que cometí). Para cuando lo intenté de nuevo, no sé qué había pasado en mi cabeza, pero dejar de fumar me parecía una auténtica pesadilla.

Seguía mi vida fumando, convencido que yo no era un fumador como los demás. En el fondo estaba convencido que, tarde o temprano, lo dejaría, “yo no quería ser un fumador para toda la vida”. Pero fumar me gustaba, y lo que es peor, estaba convencido que sin tabaco no iba a ser igual de feliz.

Un día, me enteré que mi mujer estaba embarazada. Me dio pena pensar que mis hijos me vieran como un ser adicto y débil, la verdad. Por entonces, entró en mi empresa una nueva responsable de departamento que nunca había sido fumadora y era una “antitabaco reconocida”. Recuerdo cuando bajábamos a desayunar y yo fumaba delante de ella. Nunca me dijo nada grosero, me respetaba, pero yo no me sentía bien sabiendo que no podía controlar el hecho de “ser adicto”. En esa época, en mi trabajo, yo tenía contacto con muchísimas personas (pacientes), y aproveché para hablar con ellas sobre tabaco. Me entusiasmaba escuchar y contemplar los relatos de tanta gente que había dejado de fumar y aseguraban vivir tan plenamente sin necesitar ni acordarse ni un solo día de los cigarrillos.

Me grabé a fuego esa idea de que mi vida podía ser sin tabaco. No quería asimilar que no hubiera una opción de mi persona igual pero libre de cigarrillos. Antes de que naciera mi hija, me puse fecha y hasta hoy.

En el proceso tuve de todo, días muy buenos y otros de auténtica locura. Satisfacciones y enfados, y hasta llegue a salir a comprar tabaco (menos mal que cogí todo cerrado). Con el tiempo fui comprendiendo que el problema de ser fumador no se percibe cuando uno aún es adicto (esto lo he comprobado al ayudar a otros fumadores). Y de aquí surge esa necesidad de transmitir lo mejor posible ese problema. Es muy difícil que el fumador lo comprenda “a la perfección”, por no decir imposible. Podemos hacer que se aproxime, pero es muy complicado que lo integre en su mente con total eficacia. A mi entender, el fumador está tan lejos de comprender la verdadera esencia de su adicción, como lo está un niño de 3 años de asimilar los verdaderos problemas del mundo de los adultos. Debe ser el paso de los años y la experiencia personal, los que le muestren el verdadero conocimiento de la realidad que le rodea.

Con esto no pretendo ofender a los fumadores, ni mucho menos. Es la realidad y no se puede disfrazar de otra cosa.

Me pongo en el lugar del fumador que lee esto, pero que me sigue preguntando: “¿Entonces qué? ¿Qué hago para dejar de fumar?”.

Si yo te dijera que el azul del cielo no es azul sino rojo, pensarías que estoy loco o me estoy mofando de ti. Pues eso mismo ocurre cuando a un fumador se le intenta convencer que TODOS LOS MOTIVOS QUE TIENE PARA SEGUIR FUMANDO SON ILUSIONES DE UN ENGAÑO MENTAL QUE PRODUCE LA DROGA.

Esa es la única verdad, todo lo que puedas soltar por tu boca que te impide dejar de fumar, ES FALSO.

Esto enoja, cabrea. ¿Cómo es posible que me cuestiones el azul del cielo? ¡¡¡Mis sentidos, mis ojos, no me pueden engañar!!!!!

Pues sí, el cerebro adicto nos engaña y nos hace ver y sentir cosas que no son ciertas. De eso trata la adicción, y cuanto antes lo aceptes, antes dejarás de fumar. Obviamente te lo tienes que tomar en positivo, que sirva como empujón, y no como una triste noticia que te hunda. En ese caso seguirías dominado por ese engaño mental que provoca tu adicción. Imagina que logras convencer a una persona que ha sido secuestrada que padece un Síndrome de Estocolmo. ¿Qué haría? ¿Quedarse junto a su captor lamentándose o intentar huir de inmediato?

Eso justamente es lo que te toca hacer a ti hoy: HUIR DE INMEDIATO DEL CONSUMO DE DROGA.

Ignora toda es falsa construcción que se genera en tu mente: voy a engordar, lo voy a echar de menos, no me lo voy a pasar bien, tendré ansiedad, seré infeliz… Toda esa basura debe ser apartada de tu camino.

El fumador no se ve adicto, como lo es alguien que está enganchado a la heroína. Pero ciertamente es lo mismo, tan solo que el tabaco está legalizado y no estropea tanto la “fachada de tu cuerpo” como lo hacen otras drogas. Te prometo que si tu piel fuera transparente no fumarías ni un cigarrillo más y no sufrirías ni solo día por ello.

Yo, si estuviera en tu lugar, cogería el tabaco, lo mojaría y lo tiraría a la basura junto con los mecheros y ceniceros, y no me fumaría un cigarrillo más en la vida. Así de simple y así de complejo para el cerebro que es adicto.

Te espero en Fumabook para seguir trabajando

http://www.fumabook.com

4 comentarios

  1. Pablo me podrías dar algún consejo llevo casi un mes sin fumar pero los fines de semana se me hacen muy cuesta arriba pues mi marido y mis dos hijas fuman y la ansiedad es terrible para mi de momento la controlo gracias por tu labor con todos nosotros un saludo

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