¡Hasta mañana, cigarrillo!

¿Pensáis que el sufrimiento de esos padres ha podido ser en algún momento tan intenso como si se hubiera ido sabiendo desde el primer día que iba a volver al año de su partida? Lo usual es que el sufrimiento se vaya repartiendo a lo largo del tiempo, digeriéndose paulatinamente. Esto mismo es lo que sucede con el tabaco. Si pensamos que nunca más vamos a fumar, el dolor, la angustia y el sufrimiento por la añoranza será mayor si focalizamos el pensamiento en la idea de que no vamos a fumar jamás. Por ello, nuestro objetivo tiene que ser: “hoy no fumo, mañana ya se verá”. (sigue en pág.8)

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