
Hace algún tiempo hicimos en el grupo un sencillo ejercicio que trataba de continuar con la frase “Si dejo de fumar tengo miedo a…”. Como respuesta, muchos de vosotros habéis abierto vuestro mundo interior para compartir vuestras inquietudes (respuestas: al fracaso, a vivir sin tabaco, a engordar, a la abstinencia, a recaer, a enloquecer, al mal humor, a lo desconocido, a no poder dormir, a la soledad, a la depresión, al dolor de cabeza, a no saber afrontar los problemas y dificultades de la vida, al vacío, al aburrimiento…). Es un maravilloso tesoro poder contemplar todas aquellas cosas que os preocupan, y un lujo, pues os ayuda enormemente a comprender cómo funciona este problema.
Muchas veces hablamos de Disonancia, Creencias, Cogniciones etc… toda esa palabrería de Psicología que se puede hacer un poco pesada y repetitiva. Este ejercicio nos ayuda a comprender todo esto mejor. Veamos. Todos vosotros, miembros del grupo, habéis desarrollado durante años una adicción al tabaco. Con el tiempo habéis llegado a la conclusión razonable de que fumar es malo para vuestra salud, para vuestra libertad o para vuestro bolsillo (una, dos o las tres cosas a la vez). Pero cuando habéis intentado alejar del cigarro, os habéis encontrado muy mal. La abstinencia y el deseo de fumar os han hecho retroceder.
Vuestro subconsciente necesita comprender “por qué seguís fumando a pesar de saber que no es bueno para vosotros”. Para ello, vuestra mente ha elaborado nuevas creencias (o modificado algunas antiguas) para poder hacer encajar este complicado rompecabezas. Lo más coherente sería dejar de fumar, pero la adicción es dura y os hace tomar por otro camino: cambiar vuestra mente. El tabaco cambia nuestra mente, eso es una verdad como un templo. Poco a poco os ha ido manipulando sobre aquellas cosas que pensáis sobre el tabaco y sobre vuestra propia vida para seguir justificando el consumo, y esto lo hace sin que os deis cuenta y haciéndoos creer que sois vosotros los que manejáis consciente y voluntariamente la situación. Una trampa perfectamente ejecutada.
Para montar todo ese escenario, la adicción se vale de elementos de vuestra propia vida, por ello no hay dos fumadores idénticos. Concretamente, hace hincapié en aquellas facetas de vuestra persona más vulnerables, débiles o delicadas. Así, de esta manera, si tu caso es que cuidas de un familiar enfermo, el tabaco te hará creer que, sin fumar, no podrás gestionar esa situación. Si trabajas o estudias en un entorno muy estresado, te convencerá para que pienses que, si dejas de fumar, no te irá bien en eso. Si has padecido una depresión, que ella volverá a tu vida. Si padeces ansiedad, que está se agravará, y así manipulando una y otra, y otra más de vuestras historias personales.
La adicción es tan cruel, que cuando leemos artículos como éste, o leemos sobre los problemas de los demás en el grupo, en el fondo nos hace creer que somos diferentes al resto, más especiales, más débiles o que nuestros problemas son ciertamente más graves que los de los demás. Solemos “aliñar” nuestras historias con elementos del pasado para dibujar una situación más dramática: “mis padres murieron pronto; mi padre era alcohólico; soy hijo de padres separados; viví de joven en la pobreza; perdí a un hermano tras una grave y dolorosa enfermedad…”. Es evidente que la adicción se agarra donde puede, y si es en un problema personal, mejor.
No podemos olvidar que las personas que han sufrido calamidades en su vida, también pueden ser felices sin llevarse el cigarro a la boca. Hay millones de personas en el mundo que viven en la pobreza y en la enfermedad, y no es el cigarro el que le soluciona sus problemas. Suena duro, pero vuestros problemas y el hecho de fumar cigarrillos no tienen ninguna relación. Esta frase que he puesto en negrita desmonta toda vuestra argumentación como fumadores. Este tipo de afirmaciones duele, y mucho. Cuando alguien os dice algo como esto, os enojáis, os desesperáis, haciéndoos tomar una de estas dos direcciones:
1. Pensar que vuestra vida es tan lamentable hasta el punto de pensar que no nos podemos poner en vuestra situación, o
2. Sentirse ofendido y tomar la decisión de no seguir leyendo e incluso tomar la iniciativa de abandonar el grupo. ¿Sabes por qué te sucede esto? Porque al soltaros aquella frase en negrita, aumento de nuevo en tu interior esa incomodidad interna (o disonancia cognitiva), y debes resolverla de golpe, por ejemplo pensando que estoy totalmente equivocado. No puedes aceptar que tu vida es un engaño por culpa del tabaco, que estás manipulado hasta un punto que no te das cuenta. Por eso es más fácil pensar que lo tuyo es un caso especial, o que el que te habla es estúpido del todo. A pesar del riesgo a que me enfrento diciendo esto, hoy creo que toca hablar sobre este tema, independientemente del efecto que en ti te pueda ocasionar. ¡No podemos permitir que sigamos viviendo a expensas del cigarro!
¿Y en qué se traduce todo esto? Lo primero que debes saber es que cada vez que te lamentas o cada vez que justificas con tu vida el consumo de tabaco, no haces otra cosa que arrodillarte ante la adicción y caer en su trampa. Que vendes tus problemas al mejor postor, que “traficas” con tus emociones, con las enfermedades de tus seres queridos, con todos esos problemas que te marcaron a ti y a los tuyos para justificar que debes seguir fumando, y eso no es bueno para ti. Ya es hora que “cojas el toro por los cuernos”, que te enfrentes a tus miedo. El ser humano tiene una enorme capacidad de sufrimiento, más de lo que te puedas imaginar.
Cada día, miles y miles de personas comienzan a recibir tratamientos en quimioterapia. Duros, dolorosos e insufribles tratamientos durante meses con tal de mantenerse con vida, de asegurar su supervivencia. Meses de dolores, náuseas, vómitos, noches sin dormir, problemas digestivos, úlceras en la boca que te hacen ver las estrellas, etc… en unas condiciones en la que la vida solo te permite ir de casa al hospital, y del hospital a casa, y sin que puedas sentir ni el precioso sol sobre tu piel. ¿Dónde está ese espíritu de sacrificio? ¿Dónde queda ese instinto de supervivencia que todos llevamos dentro? No quiero que os sintáis ofendidos, ni atacados ni insultados… solo quiero remover vuestras dudas, vuestros miedos. Tan solo quiero que os levantéis de la silla de la costumbre, rompáis con lanzas vuestra rutina y que chilléis que no queréis seguir ni un minuto más agarrados al maldito cigarro. Yo no soy tu enemigo, ni el médico que te dice que dejes el tabaco, ni tu pareja que desea que lo apartes de tu vida. Es el Carcelero el que te pone contra nosotros, y lo que es peor, contra ti mismo .
Creo que hoy ya queda poco por decir, pues ya se ha dicho mucho, o quizás demasiado. Lo único que sé es que vivís con mucho miedo, que la vida pasa rápidamente, que un día no habrá oportunidades para dar marcha atrás, y que hoy puede ser el gran día en que tu vida cambie para siempre. ¿De verdad que quieres seguir lamentándote de tus desgracias y tus miedos?
Da igual como haya sido o sea tu vida, eso no tiene nada que ver con fumar cigarrillos
P.M. Alles – Psicólogo y escritor del manual para dejar de fumar: Fumabook
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