
Hemos comentado en otras ocasiones que la adicción se perpetúa gracias a la generación de unas creencias erróneas que tomamos como válidas y que nos impiden a dar el paso definitivo hacia la libertad (ejemplos de estas creencias son: “las ganas de fumar me durarán toda la vida”, “yo no tengo capacidad para lograrlo”, “no volveré a disfrutar de la comida sin mi cigarro”, “no me encontraré bien en las reuniones sociales”, “el malestar de la abstinencia nunca desaparecerá del todo”, etc.). Por ello, es clave modificar estas creencias para facilitar el proceso de deshabituación. La pregunta clave es: ¿cómo modificamos estas creencias? Antes resumamos cómo son.
En nuestra mente, disponemos de todo tipo de creencias, que han sido elaboradas a lo largo de nuestra vida fruto de nuestras vivencias con el entorno que nos rodea. Por ejemplo, nuestro equipo favorito de fútbol, la tendencia política y religiosa… y en general cualquier opinión que tengamos sobre los diversos aspectos de la vida. Estas creencias determinarán nuestra experiencia vital. Veamos un ejemplo muy sencillo:
Imaginemos que nuestros padres (familia A) han cocinado la comida siempre sin sal. Estamos acostumbrados a comer los alimentos con su sabor original. Así codificamos, por ejemplo, el sabor de un tipo específico de sopa, sin sal. A los años, nos invitan a comer esa sopa a una casa donde la costumbre es salar bastante la comida (familia B). Seguidamente procedemos a realizar la siguiente pregunta: ¿Cómo aprecias la comida? Encontraríamos las siguientes respuestas:
- Familia A: La comida está demasiado salada.
- Familia B: La comida está en su punto ideal de sal.
Con este ejemplo, evidenciamos cómo la experiencia vital previa afecta a nuestras creencias y cómo éstas influyen en la opinión que tengamos del mundo.
Dentro del sistemas de creencias, podemos encontrarlas más o menos rígidas o cristalizadas. Veamos un ejemplo atendiendo a nuestro equipo de fútbol favorito. Supongamos que un aficionado del F.C. Barcelona va a convencer a un aficionado del Real Madrid para que se cambie a su equipo. ¿Creeríais que lo conseguiría en una conversación de un par de horas? Pues no. El hincha madridista ha sido educado desde la infancia para ser un seguidor acérrimo. Nada más nacer le hicieron socio, le regalaron la equipación, le llevaron al estadio cada domingo, etc. Las creencias elaboradas a lo largo de tantos años no se pueden cambiar, por lo general, de un simple plumazo.
Ahora, en el otro extremo, nos encontramos las creencias más débiles o menos cristalizadas. Imaginemos que nos preguntan “¿el canguro es un animal dócil o agresivo?” y respondemos que dócil. Ahora nos cuestionamos, ¿es posible que en un par de horas un experto en canguros procedente de Australia pueda convencernos de que este animal es de los más agresivos del mundo? La respuesta es: sí. El conjunto de creencias que tenemos elaborado en referencia al mundo del canguro no es sólido, pues no hemos tenido experiencias previas. En este caso estamos hablando de creencias débiles fácilmente modificables.
Las creencias erróneas que tenemos sobre el tabaco están altamente cristalizadas por la adicción, por eso son tan difíciles de alterar. ¿Cómo se puede modificar una creencia cristalizada? Pues de dos maneras: o bien “reeducando” poco a poco en otra dirección, y en segundo lugar, con la presentación de una información irrefutable. Pongamos otro ejemplo para comprenderlo. Imaginemos que nos han educado en la creencia de que “los fantasmas no existen”. Para cambiar esta creencia habría dos maneras: Una, teniendo contacto durante mucho tiempo con alguien que sí creyera y que nos fuera contando sus experiencias, podríamos decir que sería como un “lavado de cerebro” a lo largo de un periodo prolongado de tiempo. Otra manera sería con la presentación de una información tajante e irrefutable, por ejemplo llegando casa y encontrándonos con un fantasma sentado en nuestro salón. En efecto, hay veces en la vida en las que un solo acontecimiento puede cambiarnos la opinión sobre algo.
Para acabar con las creencias erróneas del tabaco también tenemos estas dos modalidades. En este caso, imaginemos las creencias tipo: “el tabaco no es tan malo” “Yo no enfermaré por fumar” “a mí no me tocará”,etc… La forma brusca de cambiarlas sería recibiendo por parte de nuestro médico el diagnóstico de un «cáncer de pulmón». En ese preciso momento nuestro sistema de creencias quedaría dinamitado facilitando así el proceso de eliminación del tabaco. Lo ideal es no llegar a ese punto. Por ello, lo más conveniente es ir cambiando las creencias poco a poco, sutilmente.
Este post está escrito con la finalidad de justificar sobre la necesidad de dedicar todos los días 5 minutos para cuestionar nuestras creencias erróneas sobre el tabaco. Para eso, fumabook te propone tres ejercicios elementales:
- Leer a diario los post del blog y dedicarle unos minutos de reflexión. Este ejercicio ayuda a conocerse, a ver todos esos pensamientos como parte importante del problema de la adicción y a cuestionar y demoler paulatinamente ese conjunto de creencias erróneas que giran alrededor del mundo del tabaco.
- Recibir las experiencias de los integrantes del grupo fumabook que van liberándose del tabaco y que dan testimonio de cómo es posible dejar de fumar sin que se hagan realidad todos esos miedos que nos invaden cuando nos proponemos apagar ese último cigarrillo. Es una información que poco a poco irá derribando tus falsas creencias y tus temores y te facilitarán tu viaje hacia la libertad.
- Escribiendo tu diario personal reflejando en él los miedos y creencias que te sostienen tu adicción, reflexionando sobre ellos y poniéndolos en tela de juicio.
Como cualquier objetivo importante de la vida, dejar de fumar requiere de un esfuerzo y constancia
Por ello te recomendamos, a modo de ejercicio, entrar todos los días en el grupo y en el blog Fumabook
P.M.Alles – Psicólogo y escritor del manual para dejar de fumar Fumabook
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