Muchos creen que fuman porque la dopamina que libera la nicotina genera placer. Lo siento: si crees eso, estás totalmente equivocado. La dopamina no es la molécula del placer, sino que desempeña un doble papel: fotógrafo y director de orquesta.

  • Fotógrafo: Registra en la memoria una instantánea con los estímulos involucrados en una experiencia que el cerebro considera relevante. Por ejemplo, la primera vez que te tomas un dulce con un café en la terraza de un bar, la dopamina «fotografía» el dulce, el café y la terraza.
  • Director de orquesta: Cada vez que te expongas de nuevo a uno o varios de esos estímulos (ver la terraza, oler el café), la dopamina genera una hiperatención centrada en el pastel y una tensión molesta: un fuerte impulso por comerlo. Si al final no te lo comes, se produce una bajada masiva y puntual en los niveles de dopamina que agrava el malestar.

¿Qué es lo que pasa con la conducta de fumar cigarrillos? Lógicamente, las personas que fuman por primera vez no sienten la sensación placentera de comerse un delicioso dulce, sino todo lo contrario: un conjunto de sensaciones desagradables (tos, mal sabor, náuseas). La cuestión es que las drogas, como la nicotina, tienen la capacidad de liberar grandes cantidades de dopamina de forma artificial y forzar el disparo de la «fotografía».

Por eso, si fumas exponiéndote a determinados estímulos (tomar café, salir de cañas, conducir), cada vez que te expongas a ellos sentirás un gran impulso por consumir cigarrillos.

Por otro lado, el consumo repetido de cigarrillos va a generar dos grandes efectos:

  1. Aumento de los receptores nicotínicos: La nicotina se une a unos receptores diseñados originalmente para la acetilcolina. El problema es que la nicotina no solo se une, sino que inactiva y deja «fuera de servicio» esos receptores durante horas. El organismo, al ver que sus receptores no funcionan, se defiende creando más receptores extra.
  2. Déficit de dopamina actuante mantenido: Como consecuencia de haber multiplicado el número de receptores, el «listón» de la dopamina sube a las nubes. La dopamina habitual de la vida diaria ya no alcanza para llenar un sistema tan grande, generando un vacío y una apatía constantes entre cigarrillo y cigarrillo.

De esta manera, al dejar de fumar, los fumadores se sentirán mal por dos motivos:

  1. De forma permanente: Por el exceso de receptores libres y desocupados y el déficit de dopamina mantenido que esto provoca (el listón del placer demasiado alto).
  2. De forma puntual: Por la bajada masiva de dopamina tras exponerse a uno o varios de los estímulos registrados en la «fotografía» (el café, la sobremesa) sin encender un cigarrillo.

No todo son malas noticias:

  1. La recuperación de tu sistema de recompensa: Con el paso de los meses sin nicotina, el cerebro degrada los receptores sobrantes y vuelve a ajustar el listón de la dopamina a sus niveles basales. El déficit mantenido desaparece y los pequeños placeres de la vida cotidiana vuelven a saber a gloria. Ojo con las trampas: Esta recuperación se frena o interrumpe si administras nicotina por otras vías (chicles, parches, vapeadores) o si buscas desesperadamente chispazos sustitutivos con comida hiperpalatable, alcohol o conductas que «jaquean» el sistema (TikTok, juegos de azar, etc.).
  2. El reaprendizaje ante las señales cotidianas: Si te expones a los estímulos habituales (tomar café, salir de cañas) sin encender un cigarrillo, el cerebro graba un nuevo aprendizaje inhibitorio por encima del antiguo: «el café ya no va seguido de nicotina». Con la repetición, las señales van perdiendo la capacidad de tumbar tus niveles de dopamina y el deseo puntual desaparece. Ojo con las trampas: Esto se rompe por completo si cedes y realizas consumos esporádicos en esos contextos.

Recuerda: esto es solo la parte física y neurobiológica de la adicción. Si no abordas las creencias adictivas y el diálogo interno, el objetivo puede volverse inalcanzable.

Una respuesta a «El papel de la dopamina en el fumador»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Gracias Pablo.

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