A- Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?

B- Necesito dejar de fumar.

A- ¿Por qué lo necesita?

B- Me han diagnosticado enfisema pulmonar. Estoy muy preocupada.

A- Pero, ¿usted en el fondo quiere?

B- Claro, ¿no le estoy diciendo que por salud?

A- Me refiero a… si a usted le dijeran ahora mismo que se han equivocado de historial médico y que sus pulmones están perfectamente, ¿seguiría con la idea de dejar de fumar? Imagínese que le han colocado unos pulmones nuevos, ¿lo dejaría?

B- Bueno, no sé. Tendría que ver si ahora es el momento.

A- ¿El año pasado buscó ayuda para dejarlo?

B- No.

A- ¿Por qué?

B- Bueno, porque no estaba con este problema. Me encontraba bien.

A- Por lo que me cuenta, tal y como me dijo al principio, usted siente la necesidad imperiosa de dejar de fumar. Es decir, más que empujada por el deseo o la profunda convicción de dejar de ser una consumidora de cigarrillos, lo que le ha hecho venir es su preocupación ante esta grave enfermedad.

B- Así es. Estoy muerta de miedo. No me quiero morir tan joven.

A- ¿Por qué cree que fuma?

B- Por lo típico, me gusta. Es un placer con mi café, con mi cerveza o con un buen vino.

A- ¿Qué pensaría si le dijera que realmente no fuma por eso?

B- Pues que se equivoca. Sabrá usted lo que me pasa a mí por la cabeza.

A- ¿Conoce a alguien que nunca haya fumado?

B- Sí, mi marido o mi hermana.

A- ¿Qué cree que sentiría su marido al fumarse un par de cigarrillos al tomar el café o tras el almuerzo?

B- ¡Uy! Él lo odia. No entiende que yo fume. A él no le gustan estas cosas.

A- ¿Cuál cree que es el motivo de que a usted le guste y a él no?

B- Pues qué va a ser, que cada uno tiene sus gustos.

A- Si le hacemos probar el tabaco a alguien que nunca ha fumado, la reacción siempre es la misma: desagrado. La experiencia no le gusta a nadie. ¿Sabe lo que debe ocurrir para que alguien «disfrute» del cigarrillo?

B- Dígamelo usted.

A- Pues que antes la persona se haga adicta a la nicotina. ¿Sabe qué significa eso exactamente?

B- No.

A- Pues que se siente mal si no fuma, lo que se conoce como mono. Lo necesita. Su marido no necesita nicotina porque no es adicto. Aunque usted obtenga una experiencia subjetiva de placer, la realidad que hay detrás es que le agrada poder retirar el malestar del mono y así poder hacer una vida normal. ¿Qué siente al saber que es adicta a una droga? Una drogadicta.

B- ¡Hombre! No se pase, yo no soy ninguna delincuente ni le he hecho daño a nadie.

A- Hay drogas legales e ilegales. La nicotina es una droga legal cuyo consumo está muy extendido. Una de cada cuatro personas en nuestro país es adicta a esta droga.

B- Si usted lo dice. A mí me sigue pareciendo demasiado fuerte usar esa palabra para referirse a este vicio.

A- Es que la drogadicción es independiente de la manera en que la sociedad acepta la droga. Es una relación biológica que hay entre la nicotina y el cerebro. Lo demás es un relato que elaboramos para maquillar la realidad. Sea sincera, si tuviera pulmones nuevos, ¿seguiría con la idea de dejarlo?

B- La verdad es que no.

A- ¿No le molesta la idea de depender de una sustancia adictiva? ¿No le motiva salir de su adicción?

B- No lo veo como usted. Esto es un vicio, como el que come chocolate o toma café. Yo no hago daño a nadie.

A- Déjeme que le cuente. Usted se plantea dejar de fumar desde la necesidad, no desde el deseo. Además, usted siente motivación para seguir fumando porque lo ve como un simple hábito placentero. No comprende que lo hace porque la droga decide por usted. Le controla. Esto le sucede a muchos de los que vienen con la urgencia de dejar de fumar por ser diagnosticados de alguna enfermedad pulmonar, cáncer o infarto.

B- Entiendo.

A- La dificultad radica en que usted está muy motivada para seguir fumando y poco para dejarlo. No digo que no se sienta motivada en estos momentos. Eso no lo dudo, comprendo su situación y su preocupación. Pero debe entender que el susto que la ha empujado a venir a pedir ayuda no estará ahí para siempre. Cuando la tormenta amaine y, además, sienta el imperioso deseo de coger un cigarrillo, se le presentará una situación muy complicada en la que ni la fuerza de voluntad podrá ayudarle.

B- ¿Necesito pastillas? ¿Eso es lo que me quiere decir?

A- No, me refiero a que mientras usted no quiera dejar de fumar y no comprenda los verdaderos motivos por los que fuma, todo puede ser mucho más difícil.

B- Pero yo quiero…

A- Realmente usted se ve empujada por la situación. La necesidad es la que manda. No es recomendable dejar de fumar porque uno se lo prohíba. La decisión debe ser fruto de una elección libre y consciente. No es lo mismo que usted desee vivir sin esa droga a que se la quite de su vida porque no tiene más remedio. La persona convencida dejaría de fumar aunque le pusieran unos pulmones nuevos.

B- ¿Y qué hago entonces? Debo dejarlo cuanto antes.

A- Vamos a tratar la adicción en profundidad. Y no tengamos prisa, el tratamiento de la adicción tiene sus tiempos. Ojalá pudiéramos acelerarlo, pero eso es imposible. Le recomiendo confiar en mí y poner en cuarentena todas las creencias que tenga sobre el tabaco. Esa humildad será mucho más importante que la fuerza de voluntad. No lo dude.

B- Gracias, empecemos.

Una respuesta a «Enfisema pulmonar: dejar de fumar»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Excelente explicacion y yo lo sentí exactamente asi, gracias a escuchar los videos por youtube durante 6 meses y todos los días, fuí cambiando la motivacion hasta arribar en el deseo de dejar de fumar. Sé que me falta bastante todavía( llevo casi un año y medio sin fumar) pero estoy convencida en superar la adicción.

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