¿Es fácil dejar de fumar?

Esta pregunta tiene trampa y no posee una respuesta breve y concisa. Tengo que explicarla en profundidad.

La persona que fuma y quiere dejarlo pone sobre la mesa un objetivo claro: «Vivir sin fumar«.

Si ese «vivir sin fumar» implica poder fumar en ocasiones especiales, es decir, fumar de una manera controlada, no es que sea difícil, simple y llanamente NO ES POSIBLE. Las contadas personas que puedan fumar en alguna boda o fiesta aislada no son adictas ni lo han sido previamente, por tanto estamos hablando de una cosa muy distinta.

Lo que nos interesa a nosotros es el objetivo de «vivir sin fumar» entendiendo que uno ya no va a fumar más en su vida como consecuencia de superar una adicción que a día de hoy lo tiene atado al consumo continuado de nicotina.

¿Es fácil «vivir sin fumar» después de haber estado un puñado de años consumiendo cigarrillos a díario?

La adicción a la nicotina se manifiesta a través de la elaboración de una serie de creencias erróneas que el fumador da por ciertas. La naturaleza y la intensidad con que se vivan estas creencias influirá muy directamente sobre la dificultad a la hora de dejarlo.

Yéndonos a los extremos y para explicarme mejor, encontraríamos a un lado al fumador que se ve en la obligación de dejar de fumar porque tiene hecho polvo los pulmones pero le da pena prescindir de «ese viejo amigo que le aporta tanto placer», y en el otro, el fumador que «se arrepiente de haberse puesto aquel primer cigarrillo en la boca cuando era joven y está deseando quitarse de encima esta condena».

Lógicamente, en términos generales, podremos preveer que al primero le costará mucho más dejarlo que al segundo. No obstante, dentro los fumadores que están convencidos de querer dejarlo, nos encontraremos a aquellos que presentan auténtico pavor a enfrentarse a esas primeras semanas o meses sin tabaco y que además se consideran a sí mismas, como individuos con poca autoestima y fuerza de voluntad. Obviamente, por mucho deseo que tengan, a estas personas también se les podrá poner el camino muy cuesta arriba.

Éste es el motivo por el que es tan importante tratar estar creencias previamente antes de poner fecha, al menos, conocer la teoría sobre los procesos cognitivos que hay detrás de estos pensamientos para ir tomando algo más de consciencia.

Aparte de todo esto, hay otra variable que interviene en la dificultad a la hora de dejarlo, y es la práctica o experiencia previa del individuo en otros intentos. Tener experiencia y haber extraido conclusiones correctas de esta, facilita el camino. No tener experiencia lo dificulta. Y, tener experiencia habiendo extraído conclusiones que fortalezcan las creencias erróneas, peor que peor (¡lo he intentado un montón de veces y siempre fracaso, soy un caso perdido»).

Una vez uno ya ha puesto fecha, la dificultad dependerá del momento. Las primeras semanas serán muy difíciles, y más si aparece algún bloqueo o secuestro mental. Poco a poco, con el paso de las semanas y los meses, cada vez se irá haciendo un proceso más sencillo, con la salvedad que pueda aparecer alguna crisis aguda puntual que debamos sortear.

Dicho todo esto, habrás comprobado que no es tan fácil responder a esa pregunta si dejar de fumar es fácil o difícil. Depende de estos aspectos, de lo que para tí sea algo fácil o difícil, de tus expectativas y de lo que estés dispuesto a sacrificar. Desde luego, si lo que pretendes es salir el primer fin de semana de cervecitas como si no pasara nada, mal asunto.

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