«Me gusta fumar»

“Me gusta” es una frase con un inmenso poder, ¡tanto!, que en las redes sociales cada vídeo, cada imagen y cada publicación escrita tiene la opción de marcar tu “me gusta” y según el número que obtenga llamará más la atención y mayor será así su difusión. El “me gusta” puede con casi todo: no hago deporte porque me gusta estar tumabado en mi sofá; no dejo de ingerir alcohol porque me gusta beber cerveza; no disminuyo la ingesta de azúcar porque me gustan los dulces; no bajo la ingesta de grasas animales porque me gusta mucho comer carne… Tristemente el “me gusta” también llega al tema del tabaco. Muchas veces se le recomienda a alguien, dado su estado de salud, que deje de fumar. Rápidamente aparece ese “¡es que me gusta!”. Parece que el hecho de que algo guste lo justifica todo, hasta el punto de bloquear un cambio en el estilo de vida necesario o vital. Sin duda, la persona adulta no deja de ser un niño grande que se ha quedado sin esa figura de referencia que se dedicaba a decirle lo que estaba bien y lo que estaba mal. Si por el niño fuera, merendaría todas las tardes chocolate o chucherías, tan solo por el hecho de gustarle. De ese mismo modo, muchos fumadores adultos fuman porque sienten que es algo que les gusta.

Cuando nos hacemos grandes dejamos de tener a alguien por encima que nos recuerde que eso no se puede hacer. ¿Cómo es posible que le digamos a nuestro hijo que no puede comer chocolate cada día mientras nos encendemos un cigarrillo cada 45 minutos?…uno y otro…y otro….y otro…..¡y otro más!

Como fumador tienes que tener muy claro que “gustar” no es suficiente para “hacer”, inevitablemente debemos hacer un balance maduro y razonado sobre aquellas cosas que nos gustan pero que nos tienen sometido (adicción) y encima supone una bomba para nuestra salud (los efectos de fumar cigarrillos).

Es necesario abandonar esa posición cómoda y, por qué no, infantil, de “no dejo de fumar porque me gusta”. También nos gusta quedarnos en la cama cualquier lunes de invierno, frío y lluvioso, con una leche calentita y una magdalenas mientras vemos nuestra película favorita, en vez de levantarnos a las seis de la mañana para ir a trabajar, y no lo hacemos…

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