¿Eres fumador y no quieres dejarlo?

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Hoy no venimos a repetir lo que ya sabes, “que fumar mata y enferma”. Tú ya sabes perfectamente que en la vida hay muchas otras cosas que tampoco son buenas para tu salud. Nuestro objetivo de hoy es que comprendas por qué tú no quieres dejar de fumar. Aunque pueda ser largo, merecerá la pena leerlo. Podrás llevarte una sorpresa.

Los fumadores, en general, llegan a un momento en su vida en el que llevan a cabo la conducta de fumar aun sabiendo que es nocivo para su cuerpo. Esta situación produce una incongruencia interna que no es palpable por la persona y que es denominada por el Psicólogo Social, Leon Festinger, Disonancia Cognitiva. Tal y como decía este autor, el ser humano tiende a eliminar esta disonancia de la forma menos traumática. Lo ideal sería dejando de fumar, pero para un adicto a la nicotina esto no es nada fácil. La única alternativa que le queda al fumador y que no requiera un gran esfuerzo es la de modificar su sistema de creencias. Esto se hará creando unas nuevas y/o modificando o eliminando otras antiguas.

Algunos fumadores generan creencias que no les eliminan el deseo de dejar de fumar, por ejemplo “me gustaría dejarlo, pero yo no tengo fuerza de voluntad, soy muy débil”. En cambio, otros fumadores construyen otro tipo de argumentos que sí destruyen las ganas de dejar el tabaco. Ejemplos de ellos son:

– Yo soy libre para fumar lo que me dé la gana.
– De algo hay que morir.
– Yo controlo y puedo dejarlo cuando quiera.
– La cantidad que yo fumo no hace daño.

La Disonancia Cognitiva en este tipo de fumadores no acaba aquí. Si en este momento este artículo lo estuviera leyendo un fumador de este tipo se estaría produciendo una nueva disonancia por el enfrentamiento de estas dos realidades:

A. Fumo porque yo controlo y puedo dejarlo cuando quiera.

B. Fumo porque estoy sometido a un engaño mental que no percibo conscientemente y en realidad ni controlo al tabaco ni puedo dejarlo cuando yo quiera.

La persona tenderá a rechazar aquella información que ataque al concepto que tiene de sí mismo. Es decir, la B. Para ello deberá construir nuevas creencias que argumenten esta decisión. Ejemplos podrían ser:

– Yo soy una excepción, yo no estoy sometido a un engaño mental.
– Estas explicaciones psicológicas son cuento chino.
– Estos argumentos están formulados por personas que nunca han fumado y no aprecian el placer que supone fumar.

Lo que no sabe el fumador es que la disonancia cognitiva produce ansiedad, miedo… y que el ser humano tiende a protegerse psicológicamente de estas emociones negativas a través de la creación de nuevos pensamientos. Cuanto más les insistamos para que lo dejen, más disonancia sentirán y más fuertes e impenetrables serán sus falsos argumentos: el engaño mental será más poderoso.

Mentirse a uno mismo es de las herramientas más antiguas que posee el humano para protegerse del sufrimiento.

El fumador que no quiere dejar de fumar se enfrenta a un doble problema: el conocido daño para la salud que supone fumar y, por otro lado, el sometimiento a un profundo engaño mental que le priva de la libertad de decidir. A pesar de esto, el fumador cree fuertemente que él es el que elige libremente ser fumador, un tremendo error.

Un reflejo de este engaño sería pensar, tras leer este artículo, lo siguiente: “vale, soy un adicto y estoy sometido a un engaño, pero me gusta fumar y decido libremente seguir haciéndolo”.

http://www.fumabook.com

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