Fumabook en esencia pura

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Este post es un poco largo, la verdad, pero ¿por qué eso va a ser un impedimento para leerlo? ¿Quieres dejar de fumar? ¡¡¡¡¡¡Pues adelante!!!!!!!! El cerebro de cada persona funciona como un Mapa único que selecciona y modifica la información que el mundo le muestra atendiendo a sus propios intereses. Por ello, todo lo que leamos o escuchemos respecto al tabaco, estará manipulado por nuestro cerebro adicto. Perdemos el control y la voluntad, y no reconocer eso es el primer paso para fracasar ante el intento de dejar el tabaco.

Hoy vamos a intentar simplificar al máximo posible la esencia que defiende fumabook, para que podáis comprenderla y asumirla de la mejor forma posible sin que el cerebro adicto haga mucho de las suyas. Empecemos.

Nuestro cerebro tiene varias funciones, desde regular la temperatura de nuestro cuerpo, a decidir sobre qué color de camisa ponernos. Todas las tareas que lleva a cabo sobre pensar, decidir, elegir… entran dentro de las herramientas cognitivas que el ser humano dispone para vivir; eso es, fundamentalmente para SOBREVIVIR y MANTENER LA ESPECIE HUMANA. Básicamente, nos dirige para comer, beber, dormir y multiplicarnos. Ésa es la esencia de toda nuestra maquinaria mental.

Dentro de ese funcionamiento cognitivo, hay una serie de reglas que imperan, todas dirigidas a economizar o hacer más sencillo la gran megatarea de manejar la cantidad ingente de información que el mundo pone ante nuestros ojos, oídos, gusto, tacto y olfato. Es decir, el cerebro funciona en base a esquemas u órdenes automatizadas para agilizar su funcionamiento.

 

Además de esas reglas generales, nuestro cerebro funciona sobre unos principios generales como es, por ejemplo, el de la justicia. Cuando observamos algún acontecimiento que consideramos injusto (que alguien abuse de una persona mayor para engañarle y robarle), tenemos la necesidad de reparar ese daño. Nos sentimos mal por lo sucedido y necesitamos que la justicia repare esa situación. Tal y como sentimos esa tendencia hacia la justicia, el cerebro también tiene la peculiaridad de mantener un equilibrio interno, una congruencia interna entre sus pensamientos, y entre sus pensamientos y sus actos.

Para comprender mejor lo qué es esta congruencia, pongamos un ejemplo. Imagina que eres una persona que pertenece a una religión que promueve la solidaridad y la limosna. Ahora bien, por otra parte, eres de los que te gusta ahorrar dinero. De modo que cuando ves a alguien pidiendo en la calle, sueles darle poco dinero o ninguno. Claramente hay algo que no encaja en nuestro cerebro. Por un lado, nos sentimos muy motivados a dar limosna, pero no la ponemos en práctica. Eso se convierte en una incomodidad psicológica o incongruencia interna que se produce a nivel del inconsciente (no nos damos cuenta).

De una forma involuntaria, trataremos de hacer desaparecer o disminuir nuestra incongruencia a niveles aceptables. Por ello, habrá personas que decidirán dar más cantidad de dinero a los pobres y, en cambio otros, se agarrarán a su naturaleza ahorradora (o más bien tacaña). Pero para que esto último ocurra, necesitaremos cambiar ciertas creencias, ya que defender la limosna pero no dar ni un céntimo, no encaja. En este caso, las más frecuentes podrían ser las siguientes: “yo a los pobres de la calle no les doy dinero porque se lo gastan en alcohol y tabaco”; “estos lo que necesitan no es dinero, es un trabajo”; “Yo no sé el dinero que voy a poder necesitar en un futuro, no lo puedo gastar”, etc… Así funciona nuestra mente con todo.

Con el tabaco pasa exactamente lo mismo. Una vez se nos pasa la inmadurez de la juventud, nos hacemos consciente de que fumar es malo, pero esto se enfrenta con el hecho de fumar, generándose una clara incongruencia interna. Hay quienes la resuelven inteligentemente dejando de fumar, problema solucionado. Pero la inmensa mayoría seguimos fumando y caemos en el terrible error de generar creencias que justifiquen el consumo de tabaco y así equilibre nuestro desequilibro interno.

Hay infinidad de creencias, las más habituales son: nunca me va a desaparecer las ganas de fumar; viviré con ansiedad toda mi vida; no podré gestionar mis problemas familiares o personales: temo que me pase algo malo; no voy a ser igual de feliz; no voy a disfrutar igual al salir con mi gente; yo soy débil para conseguirlo; temo recaer en una depresión; temo perjudicar a la relación con mi pareja y mis hijos, etc…

Todas estas creencias erróneas están dirigidas a una sola cosa: Inducirte miedo para que no dejes de fumar. Y ése es el gran engaño. Si dejas de fumar: engordarás, serás infeliz, amargarás a tu familia, caerás en una depresión, te superarán tus problemas. Según sea de grande este miedo, tu “abstinencia psicológica” será mayor o menor. Si te das cuenta, hay muchas personas que el día antes de dejar de fumar ya sufren síntomas de la abstinencia, aunque tengan un cigarro en la boca bombeando nicotina a su cerebro. Este hecho es importantísimo para comprender por qué algunas personas lo pasan tan mal al dejar de fumar.

Es el miedo el que te hace alcanzar niveles de malestar tan elevados. Hasta que no asumas con firmeza que todas esas creencias no son ciertas, el gran cambio no va a llegar a tu vida. Dominar los pensamientos no es fácil, por ello es esencial escribir tu diario personal, tal y como recomiendo en el libro, realizar actividades nuevas que te entretengan, y entrar en el grupo para trabajar con todos esos miedos. Muchas veces hacemos auténticos esfuerzos por lograr una vida mejor: echar horas extras en el trabajo, estudiar durante años una carrera o una oposición, emplear miles de horas en aprender un idioma, tocar la guitarra o pintar… ¿Por qué nos cuesta tanto asumir que para dejar de fumar hay que recorrer un largo camino marcado por el trabajo y el esfuerzo? ¿Es más importante estudiar inglés que dejar de fumar? ¿Por qué seguimos diciendo “llevo un mes y todavía tengo ganas de fumar”? ¿Por qué sigo focalizando mi atención en los síntomas…? que si duermo bien, que si duermo mal, que si he cogido 2 kg, que si me pongo triste, ahora alegre, ahora me enfado… ¡No podemos darle ese gusto a nuestro querido Carcelero (Cerebro Adicto)! Somos personas inteligentes, adultas y con sentido común. Tu cerebro ha sustituido su gran primer objetivo de mantener tu SUPERVIVENCIA por el suyo propio de asegurar la dosis de nicotina… ¡UNA NUEVA DOSIS!. Le da igual que mueras o enfermes. Ese ya no es su cometido.

Hoy puede ser el primer día de tu vida, de ti depende y de nadie más

P.M. Alles – Psicólogo y escritor del manual para dejar de fumar: Fumabook

www.fumabook.com

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