
Hoy quiero dedicar este post a aquellas personas que desean profundamente vivir sin tabaco, pero no lo consiguen. A esos fumadores que ponen una fecha y cuando llega el día se ven superados por el miedo y por el malestar, viéndose forzados a encender otro cigarrillo más que les llena de sentimientos de frustración, decepción y desencanto. A ti, que ya has llorado por todo esto, te mando un mensaje lleno de esperanza y optimismo… porque “Todos podemos dejar de fumar”.
Leemos consejos de todo tipo: si dejarlo de golpe o poco a poco; si tomar algún medicamento, si hacer deporte, comer mucha fruta y beber mucha agua, etc… Pero si llegado el día, el tsunami de emociones y pensamientos negativos invade nuestro cuerpo y nos paraliza para hacer los que nos han recomendado… ¿Cómo podemos actuar?
“me siento tan mal, que lo único que puedo hacer es encender un cigarro, aspirar su humo y relajarme”
La respuesta a esta pregunta no es fácil, pues antes tendríamos que conocer qué ocurre exactamente en cada caso. Solemos atender a la «fuerza de voluntad» o al «espíritu de sacrificio» para explicar este tipo de hechos. Pero esto, además de ser erróneo, es tremendamente injusto y no recomendable. (Explicaremos el concepto de «fuerza de voluntad» en otro post -leer aquí-).
A las personas que les suelen suceder esto, se les agolpan los pensamientos y los sentimientos hasta el punto en que les bloquea para llevar a cabo cualquier tipo de actividad. Para entenderlo, imagínate que estás rodeado por cinco personas, las cuales te lanzan a la vez bolas de distintos colores (rojo, amarillo, verde, azul y blanco), teniendo tú que ir introduciéndolas en diferentes cajas de su mismo color. Todo esto ocurre a gran velocidad y evitando que alguna bola caiga al suelo. Si en medio de esa actividad, te piden que contestes a esta pregunta “¿Cuánto es 14 x 3?” Seguramente ocurrirá uno, dos o tres de estos fenómenos:
- No podremos realizar un cálculo mental acertado de dicha multiplicación.
- Se nos caerá alguna bola.
- Introduciremos una bola en una caja de distinto color.
Este fenómeno ocurre porque nuestro sistema cognitivo (el conjunto de nuestras herramientas mentales) queda colapsado y no puede realizar las tres tareas a la vez (coger las bolas en el aire, clasificar las bolas por colores y calcular el resultado de la multiplicación).
Cuando empezamos a dejar de fumar, puede que esto mismo nos ocurra. Nuestro sistema cognitivo se satura de pensamientos y emociones negativas de modo que no nos dejan actuar con normalidad. «Aquello que días antes podía ser posible, en esos momentos nos parece una auténtica locura inalcanzable». En estos casos, lo primero que se nos ocurre para interrumpir con urgencia ese caos, es “decidir volver a fumar”. Con esta decisión salimos de nuestra crisis mental, posponiendo a otro día la decisión de liberarnos del tabaco. Y así, una tras otra, vamos pasando de fecha en fecha tratando de evitar ese bloqueo mental y ese sufrimiento.
Por todo ello, es imprescindible que comiences con tu rutina semanas antes de la fecha elegida. Planifica qué y cómo lo vas a hacer a partir del día señalado. Por ejemplo:
- Me despierto.
- En vez de desayunar en el trabajo, lo hago en casa. Sustituyo el café por zumo de naranja natural.
- A media mañana, en vez de salir con los fumadores, voy a dar una vuelta rápida a la manzana.
- Al llegar a casa, tras el almuerzo, no me quedaré tumbado en el sofá. Me iré a pasear 20 minutos.
- Después de llevar a cabo mis tareas (recoger a los niños, la compra, la comida del día siguiente, etc.) y depende de mí disponibilidad, evitaré quedarme de brazos cruzados, programando una actividad, bien recibiendo clases particulares (costura, pintura, piano, etc…) o siguiendo tutoriales por internet. Hemos debido comprar los materiales e iniciado la actividad semanas antes para poder seguir con la rutina de forma habitual. También hemos de haber empezado a incluir en nuestro día a día la escritura de nuestro Diario Personal donde reflejaremos nuestras emociones y pensamientos derivados de nuestra hipotética vida sin tabaco. Es fundamental haber iniciado antes todas estas actividades para que queden automatizadas y no requieran de muchos recursos cognitivos el día que dejemos de fumar y nos veamos desbordados. En cuanto nos sintamos mal, rápidamente deberemos escribir nuestro diario. Recuerda no realizar nunca estas actividades fumando (en las semanas antes del primer día sin fumar).
- Tras la cena, si echamos mucho de menos fumar, podremos sustituirlo con algo que nos entretengan; unas pipas, uvas, altramuces, etc. (sin abusar y por tiempo limitado).
- Si no sufrimos de problemas para iniciar el sueño, podemos adelantar la hora de acostarnos para no prolongar mucho el sufrimiento. Si hemos realizado ejercicio físico (natación por ejemplo) esto nos facilitará coger el sueño. Habla con tu médico por si necesitas una ayuda farmacológica para dormir, aunque sea los primeros días.
Esto es solo un ejemplo. Debes de planificar una fuerte rutina adaptada a tus necesidades desde varias semanas antes y siempre sin tabaco. Si dejas toda esta tarea para el día 1, se te colapsará tu mente y no te dejará actuar con normalidad y orden.
Para dejar de fumar es importante una buena planificación que te permita construir una nueva rutina alejada del tabaco
P.M. Alles – Psicólogo y escritor del manual para dejar de fumar: Fumabook
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