Lloro, me angustio… ¡No sé si volver a fumar!

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Esta frase es habitual entre algunas personas que llevan algún tiempo sin fumar. Ante esta situación hay que distinguir varias cosas. En primer lugar, si estás en las primeras 3 semanas, es muy normal tener momentos de máximo malestar (ya hemos hablado del craving anteriormente, ver aquí). Estos episodios se harán con el tiempo cada vez menos intensos y menos frecuentes. Son muy normales que los sientas al principio.

Otro aspecto a tener en cuenta, es la forma en que uno suela expresar los malos momentos. Hay personas que no lloran ante ese malestar, pero no significan que no lo estén pasando mal. Cada uno «vive» sus emociones de forma distinta.

Si van pasando las semanas y ves que esa tristeza y desánimo continúa, hay algo que se está gestionando inadecuadamente. Muchas veces dejamos de fumar engrandeciendo el poder del tabaco. Es decir, creemos que estamos muy tristes por no fumar y no tener nicotina en sangre. Pero esa no es la verdadera causa.

«No Fumar» no produce tanto malestar. Sí, estás escuchando bien. Eso que tu sientes no lo produce la ausencia de nicotina. Lo que te produce ese malestar viene del valor que tú le das al tabaco y otros tipos de pensamientos (el significado que le das a tu vida sin tabaco, el pronóstico que haces de tu futuro sin fumar, etc.). Lo que quiero decir es que fumarse un cigarro “NO tiene la capacidad de frenar la angustia, la tristeza y las ganas de llorar”.

Lo que realmente ocurre es que, cuando decides volver a fumar, desaparecen esos pensamientos que te atormentan sobre tu vida sin tabaco, y ahí es cuando notas mejoría. Por eso, si estás mal, es porque aún no has detectado tus creencias erróneas principales, y si lo has hecho, no las has gestionado correctamente.

¿Por qué sufrimos y lloramos más al despedirnos de un hijo que se marcha para dos años que para aquel que regresará al mes? Por los pensamientos sobre el futuro. No es por la ausencia de ese hijo en ese momento, pues es igual en ambos casos, ciertamente es por la proyección que hacemos hacia el futuro sobre su marcha.

Por eso, si sigues triste, no significa que tu adicción sea peor, tus problemas más grandes o que seas más débil, sencillamente aún sigues «jugando» bajo las normas de la adicción. Debes hacer un ejercicio profundo con papel y bolígrafo y escudriñar esos pensamientos que te están haciendo tanto daño. Una vez los tengas, ya podemos empezar a trabajar duro.

P.M. Alles – Psicólogo y escritor del manual para dejar de fumar: Fumabook

http://www.fumabook.com

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Un comentario

  1. A mí me volvió la ansiedad;pero casi prefiero convivir con ella que con mi adicción al tabaco;es menos agresiva para mi cuerpo y estoy empezando a controlarla.
    No soy de las que lloré,pero si lo pasé muy mal.
    Aún así y todo,mereció la pena!
    A día de hoy me he hecho más fuerte y estoy orgullosa de poder lograrlo!

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