Por qué no tienes que aconsejar a una persona que no quiere dejar de fumar

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Pretender que deje de fumar una persona que se niega a hacerlo, es como intentarle cambiar de equipo de fútbol o modificarle sus creencias religiosas o políticas. En todos estos casos estamos tratando con creencias fuertementes arraigadas.

Las fotografías y textos que aparecen en las cajetillas de tabaco, no parecen, ni de lejos, la mejor forma de convencerlos. Y, mucho menos, cuando algún médico se lo recomienda en alguna visita a la consulta. Los consejos de los que ya lo han logrado no surten efecto, y si proceden de alguien que nunca ha fumado, peor que peor.

¡Nunca le regales un libro para dejar de fumar al que no desea hacerlo!

En contra de lo que se cree, el gran daño del tabaco no se produce ni en los pulmones ni en el sistema circulatorio. El principal efecto de fumar es la aparición de dos síntomas principales a nivel del pensamiento (nivel cognitivo):

1. El síntoma más leve es querer dejar de fumar, pero pensar que uno no está capacitado para lograrlo o sus circunstancias no se lo permiten.

2. Pero el síntoma más grave, simple y llanamente, es NO QUERER DEJAR DE FUMAR.

Esta última y extrema consecuencia no se estructura de la misma forma en todos los fumadores. Pueden fundamentarse en una o varias de estas creencias en proporciones distintas:
-Fumar no es malo o no lo es tanto.
-Lo que yo fumo no es tan malo.
-A mí el tabaco no me va a matar.
-De algo hay que morir.
-Si dejo de fumar va a ser peor el remedio que la enfermedad.
-Fumo porque me gusta.
-Fumar es un placer.
-Se vive una vez.
-Fumo porque soy libre para hacerlo.
-Etc.

Todos estos pensamientos no son propios del fumador, sino que son «atornillados» por la adicción en su cerebro con un único propósito: que le dé su dosis de nicotina.

Al igual que el virus infecta la célula para poder usar su maquinaria para poder multiplicarse e infectar el organismo, la adicción se apodera del ordenador mental que disponemos para lograr una dosis más. El gran objetivo que desempeña el cerebro es el de la SUPERVIVENCIA y en el fumador queda relegado a un segundo lugar. Ya no importa si vives o mueres, la dosis es lo primero.

Lamentablemente, el fumador que no quiere dejarlo, nunca llega a ser consciente de esta realidad, aunque se le explique. Siempre se sentirá como un caso excepcional que fuma por otros motivos que están bajo su decisión o su control.

Por ello, cuando hables con un fumador, no le ataques ni le intentes convencer sobre lo que tiene o no tiene que hacer. No es él quien interpreta lo que tú le dices, es su adicción. Lo único que podrás conseguir es que se atrinchere más.

Ser adicto al tabaco es un problema muy serio que requiere de mucho entendimiento y comprensión.

http://www.fumabook.com

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