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La tendencia general una vez apaguemos el último cigarrillo es de ir a mejor: cada vez tendremos menos ganas de fumar, menos síntomas de la abstinencia y pensaremos menos en el tabaco. Ahora bien, esa progresión no es lineal, es decir, ocurrirá como si estuvieras en una montaña rusa que sube, baja, sube, baja… llevándote a puntos altos de bienestar y, en otras ocasiones, a puntos bajos en lo que no te encuentres tan bien.

Sin duda en el octavo mes estarás mejor que el primero, pero eso no significa que en el mes noveno no puedas experimentar un día realmente complicado como el que más, que te haga replantearte todo. La adicción se comporta como un animal salvaje que, aunque esté herido o moribundo, intentará sacar fuerzas para dar un último mordisco que te haga regresar al cigarrillo y al mechero, a tu maldito zulo.

Que te ocurra esto no significa que estés haciendo algo mal, que la adicción esté venciéndote o que todo el esfuerzo se haya ido al traste. Tu Carcelero estará herido de muerte y su final ya está escrito. Tan solo intenta engañarte, robarte ese último abrazo de despedida para poder agarrarte nuevamente del cuello y dominarte. ¡No caigas en su trampa!

Recuerda no darle tanta importancia a esos días malos, tu éxito está asegurado

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