La primera respuesta es fácil y directa: porque se es adicto. Pero ¡ojo!, ser adicto implica ciertos aspectos que la mayoría de los fumadores desconoce.

La gran característica que posee el adicto es la «necesidad» de administrarse la droga cada cierto tiempo (en este caso, la nicotina). Esta necesidad se experimenta a través del «deseo de fumar». Por lo tanto, los adictos a la nicotina sienten el deseo de fumar, mientras que el resto de la población no. Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿de dónde procede esta necesidad, este deseo? De tres lugares distintos:

  1. El primer malestar procede de un cerebro que, tras años de consumo de nicotina, se ha acostumbrado a ella mediante un proceso de autorregulación. Expliquemos esto. Imagina una habitación que mantiene una temperatura de 25 °C de manera automática. Si introducimos un horno en la habitación, esa temperatura ascenderá a 50 °C (el doble). La habitación se verá obligada a emitir, a través de su climatización, un mayor caudal de aire frío para contrarrestar el calor del horno y así restaurar su equilibrio de 25 °C. Si de repente decidiéramos apagar el horno y el equipo de climatización siguiera enfriando, la habitación alcanzaría una temperatura de 0 °C; es decir, un frío espantoso. Eso mismo ocurre en el fumador. El cuerpo, tras tantos años de consumo, se ha acostumbrado a la presencia de la nicotina, y para ello ha tenido que reajustar ciertos niveles del cerebro. Al retirar la nicotina, el cuerpo entra en un estado de desequilibrio (como esos 0 °C) que es incapaz de restaurar de manera inmediata. Tarda unos meses. Ese «frío» es lo que conocemos como síndrome de abstinencia físico o mono físico.
  2. Un segundo malestar aparece cuando el exfumador afronta situaciones en las que estaba muy acostumbrado a fumar; por ejemplo: al tomar café, tras el almuerzo o al sentir estrés o tristeza. El cerebro de los fumadores registra estas situaciones de tal forma que, cuando se presentan, baja la «temperatura» de la habitación aún más, por ejemplo a -10 °C, acentuando el malestar. Este es el primer componente del conocido como síndrome de abstinencia psicológico o mono psicológico.
  3. En tercer y último lugar, hay otro malestar que surge de nuestra manera de observar e interpretar todo aquello que nos rodea, donde juegan un papel fundamental el sistema de creencias, los pensamientos y las emociones. Por ejemplo, una persona puede pensar: «Si no fumo esta noche, no me lo voy a pasar bien», «Ya no voy a fumar más en mi vida, seré un amargado» o «Necesito fumar para aguantar estos problemas». Este tipo de pensamientos generan emociones negativas que se suman como un segundo componente al síndrome de abstinencia psicológico o mono psicológico.

La suma de estos tres componentes genera el malestar que hace que las personas, tiempo después de haber dejado de fumar, regresen al consumo de cigarrillos. Es por eso por lo que podemos afirmar que los fumadores fuman por necesidad: la de suprimir el sufrimiento y el malestar procedentes de estos tres factores. Lamentablemente, las personas interpretan de manera subjetiva esta realidad, construyendo relatos que evitan asumir que están bajo el yugo y el control de la droga, lo que permite alimentar la creencia de que el consumo es fruto de una decisión libre y personal: «Fumo porque me gusta, soy libre para hacerlo. Para mí es un placer».

La existencia de estos tres factores justifica la necesidad de aplicar el tratamiento más eficaz:

  1. Para el mono físico: tratamiento farmacológico.
  2. Para el mono psicológico: tratamiento cognitivo y conductual.

Una respuesta a «¿Por qué cuesta dejar de fumar?»

  1. Avatar de
    Anónimo

    empiezo a verlo claro, nunca había visto como un tonto en una trampa que creyó un palacio. Gracias

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