Lógicamente, no. Si lo fuera, nadie fumaría, bebería alcohol ni basaría su dieta en ultraprocesados.

En realidad, el motor principal del ser humano no es cuidar su futuro, sino dejar de sentirse mal en el presente. Cuando alguien cae en las redes del tabaco, el alcohol o la comida hiperpalatable, se ve empujado a seguir consumiendo a sabiendas del daño que se causa. No lo hace por placer, sino para apagar la ansiedad y el malestar que le genera no satisfacer ese impulso.

Es el mismo mecanismo que lleva a un náufrago deshidratado a beber agua de mar: sabe perfectamente que aumentará su deshidratación, pero en ese instante solo puede pensar en calmar la sed. Solo busca dejar de sufrir.

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