
¿Hay personas que no logran dejar de fumar por falta de fuerza de voluntad? La respuesta es sí, pero no de la manera que tú piensas.
La clave es comprender que el problema no está en una deficiencia real de fuerza de voluntad sino en una excesiva demanda durante el proceso.
Imagina que te preguntan en una entrevista de trabajo si te sientes capacitado para transportar sacos de cemento, y respondes que sí, que tienes fuerza suficiente para ello. Empiezas a trabajar y cuando vas a coger el primero te percatas de que no son los típicos de 25 kg, sino de 200kg. Para ti es imposible transportarlos manualmente. Obviamente, el problema no es que no tengas fuerza, sino que la demanda es excesivamente alta para cualquier ser humano.
Esto mismo sucede al dejar de fumar. La mayoría de fumadores planifican el proceso de dejar de fumar de tal manera que la demanda es extraordinaria, tanta, que agotará en muy poco tiempo las reservas de fuerza de voluntad.
La pregunta que más nos interesa en estos momentos es: ¿Cómo sube la demanda?
La alta demanda de fuerza de voluntad aparece para compensar un doble defecto:
En primer lugar, un déficit de motivación para dejar de fumar. Esto es la consecuencia de elegir motivos inadecuados al dejar de fumar, como hacerlo por terceras personas o, únicamente, por la preocupación de estar enfermo o poder enfermar. El gran motivo al dejar de fumar debe ser resolver la adicción a la que uno está sometido y recuperar la libertad perdida.
Y en segundo lugar, un exceso de motivación para seguir fumando. Su causa se debe a responder de manera incorrecta a la pregunta ¿Por qué fumo? Sí la respuesta es «Porque me gusta» o «Me hace feliz» la motivación para seguir fumando será mucho más alta que si se opta por la respuesta correcta: «Porque soy un adicto controlado por la droga (nicotina).
Por lo tanto, que te hayas quedado sin fuerza de voluntad no significa que no tengas la suficiente, sino que te has pedido demasiada.
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