
Ningún fumador debería conformarse con buscar un simple atajo o un puñado de inútiles consejos. Por eso, te recomiendo hacer un esfuerzo extra para leer y comprender el contenido de este artículo.
Las personas siempre actúan con el fin de satisfacer una o varias necesidades: comer, cumplir una orden, dejar de sentir dolor, etc. Toda necesidad genera un impulso para actuar y satisfacerla. Ese impulso es la motivación. Imagina que estás leyendo en tu habitación. Poco a poco notas más frío, hasta sentirte tan helada que te cuesta concentrarte. Decides pulsar el botón del mando para encender la calefacción. Estás muy motivada para hacerlo, pues de lo contrario te será imposible seguir leyendo tu novela. En este caso, satisfacer la necesidad es tremendamente sencillo.

Imagina ahora que estás en quiebra, no tienes ni un euro y te encuentras sin trabajo. Últimamente apenas te llega para pagar la comida. Encender la calefacción implica gastar más electricidad, engordar la factura de la luz y quedarte sin dinero para comprar alimentos. En este escenario, satisfacer la necesidad de quitar el frío no es tan fácil, pues al hacerlo dejas sin cubrir otra necesidad incompatible y de suma importancia: la de ahorrar dinero para comer.
Esta situación se puede ilustrar con una mujer que debe hacer girar dos platos chinos (spinning plates) situados a gran distancia. Si hace girar uno, el otro caerá; es literalmente imposible mantener los dos a la vez. Por lo tanto, se ve en la obligación de elegir cuál satisfacer y cuál dejar caer. El problema es que ambas necesidades le generan motivaciones contrapuestas. Elija la que elija, siempre le quedará el malestar de desatender la otra: o pasa frío o pasa hambre. Como es lógico, elegirá satisfacer la necesidad que considere más importante en función de diversos criterios; es decir, la que genere una motivación de mayor calidad (más intensa y estable).

Esto mismo le ocurre al fumador que se plantea dejar el tabaco: posee una motivación para seguir fumando y otra para dejarlo. Lo crucial aquí es que las personas no eligen necesidades sino algo que es más manejable: los motivos. La gente tiene motivos tanto para fumar como para dejar de hacerlo. Centrémonos en los motivos por los que la gente fuma.
Ante la pregunta: ¿Cuál es tu motivo para fumar?, se puede responder, por ejemplo, una de estas dos opciones:
- a) Porque me hace feliz, me relaja, me calma. b) Para suprimir el síndrome de abstinencia que genera mi adicción a la nicotina.
La persona que elige la opción a), si se plantea una vida sin tabaco, imaginará un futuro de infelicidad y nerviosismo. Ante este panorama, se sentirá extremadamente motivada para seguir fumando, ya que no quiere vivir de forma triste y amargada. Asignemos a su motivación de seguir fumando un valor de 8 sobre 10.
En cambio, la persona que elige la opción b), al plantearse una vida sin tabaco, entiende que su adicción se resolverá con el tiempo y dejará de sufrir el malestar de la abstinencia. De este modo, no estará tan motivada para seguir fumando, pues para ella significa sufrir una enfermedad y estar sometido a una restricción de libertad impuesta por la propia droga. Asignemos a su motivación un valor de 3 sobre 10.
Ahora pasemos a la otra necesidad, la de dejar de fumar, y preguntemos: ¿Cuál es tu motivo para dejar de fumar?
- a) Para contentar a mi pareja, que odia que fume. b) Porque me parece una conducta inapropiada y no me siento orgulloso de ser fumador.
Como es lógico, el sujeto a) tiene una baja necesidad de dejar de fumar, es decir, una motivación escasa (2 sobre 10). Si su pareja fuera fumadora o no le molestara el tabaco, ni siquiera se lo plantearía.
En cambio, el sujeto b) tiene una motivación de 9 sobre 10, ya que el acto de fumar choca frontalmente con su sistema de valores y su identidad.
Podemos resumir la balance de ambas necesidades de la siguiente manera:
- CASO A: Necesidad de fumar: 8 | Necesidad de no fumar: 2 La necesidad de fumar es muy superior. Esta persona tendrá que aplicar un esfuerzo extra para compensar el desequilibrio; toda esa energía que debe emplear es lo que se denomina fuerza de voluntad.
- CASO B: Necesidad de fumar: 3 | Necesidad de no fumar: 9 La necesidad de no fumar es mucho mayor, por lo que apenas requerirá fuerza de voluntad.
Esto explica que el fracaso al dejar de fumar no se deba a una falta de fuerza de voluntad, sino a una incorrecta selección de motivos. Comprender esto nos ayuda a lograr dos objetivos fundamentales:
- Comprender por qué realmente fumamos: alejarnos de la sensación subjetiva de placer o de considerarlo un acto de libertad, y asumir la naturaleza adictiva del problema.
- Escoger motivos propios: seleccionar razones profundas que nos empujen a resolver definitivamente esta adicción.
Para dar estos pasos tan convenientes, es necesario informarse, y no solo eso, adoptar una postura de apertura, de humildad, en la que la persona está dispuesta a romper los cimientos sagrados de su sistema de creencias.
Deja un comentario