Para comprender este artículo, es necesario haber leído previamente los manuales «Fumabook: cómo dejar de fumar a través de la psicología» y «El algoritmo de la alimentación».

A veces es necesario que la población se familiarice con determinados conceptos de la psicología. Uno de ellos, de suma importancia, es el de la disonancia cognitiva. Esta se podría definir como esa incomodidad interna que sentimos cuando dos ideas chocan en nuestra cabeza; es decir, dos elementos del sistema de creencias. No sería lógico pensar simultáneamente que «todos los humanos somos iguales» y que «determinada raza mereciera ser extinguida». En muchas ocasiones, una de estas ideas procede de valorar una de nuestras conductas; por ejemplo: «Yo soy un defensor férreo de la naturaleza» versus «Yo soy una persona que vierte el aceite usado del coche por el lavabo». Y así nace la disonancia en el fumador: «Fumar no es conveniente» versus «Yo soy una persona que fuma». Es muy importante comprender que la disonancia abarca dos procesos fundamentales:

  1. El primero tiene que ver con la fricción o choque entre las dos ideas, y se relaciona con el incumplimiento de una predicción sobre uno mismo o sobre el mundo. La disonancia es ese error de predicción. El cerebro posee una red neuronal que representa la creencia de «Yo soy un defensor férreo de la naturaleza». A partir de esa red consolidada se genera una predicción encaminada a tener un comportamiento acorde o compatible con esa premisa. De ese modo, cuando me haga consciente de que mi conducta ha infringido o incumplido dicha predicción, aparecerá la fricción —un error de predicción— que supondrá una pérdida del equilibrio u homeostasis mental. A este primer componente de la disonancia cognitiva le llamo el factor «intelectual» de la disonancia y está representado por el incumplimiento de dicha predicción. Aunque este proceso es inconsciente, puede pasarse al plano consciente desde el ejercicio metacognitivo: «Me doy cuenta de que no actúo en función de mis convicciones. Pienso que la salud es lo más importante, pero no dejo de fumar».
  2. A continuación, el factor intelectual suele evolucionar a una sensación de incomodidad. Esta podría ser muy leve o muy intensa, como una terrible culpa. Diremos que se desencadena el factor más «emocional» o visceral de la disonancia. Este elemento es el responsable de que las personas nos sintamos más o menos motivadas a hacer algo que resuelva la dichosa disonancia. Sin darnos cuenta, se nos ha creado una necesidad: la necesidad de eliminar esa molestia, esa incongruencia psicológica interna.

En el caso de la fricción entre idea y conducta, los humanos disponemos de tres alternativas para aliviar o extinguir la disonancia:

  1. Eliminar la conducta disonante: no volver a verter el aceite por el lavabo.
  2. Transformar la conducta disonante sin eliminarla del y modificar el sistema de creencias para que justifique su mantenimiento parcial: vierto el aceite previamente filtrado con el colador de la cocina, argumentando que así le estoy quitando los elementos más tóxicos para el medio ambiente.
  3. Transformar únicamente el sistema de creencias manteniendo la conducta disonante: sigo vertiéndolo argumentando que ese aceite es seguro, ya que es biodegradable y no contamina.

Es muy importante comprender que las personas tendemos a elegir la opción más cómoda. Casi siempre terminamos haciendo lo que nos apetece y elaborando un relato que soporte la disonancia: «Fumar es malo, y yo fumo, pero es que tengo demasiados problemas para dejarlo».

A continuación, es imprescindible integrar estos factores de la disonancia en el interior del algoritmo de procesamiento colaborativo donde los procesadores cognitivos asumen el papel principal. Para ello, hagamos un pequeño resumen sobre los algoritmos de necesidad.

Recordemos que los algoritmos de necesidad siguen el siguiente esquema: estímulo → procesador → necesidad silente → necesidad manifiesta → impulso → respuesta.

El factor intelectual de la disonancia representaría la necesidad silente. Al tratarse de procesadores cognitivos, como hemos dicho anteriormente, es posible pasarlos al plano consciente gracias a la herramienta metacognitiva. El factor emocional sería la necesidad manifiesta. Es importante puntualizar que, en el momento en que los procesadores cognitivos participen en la fase de respuesta, justamente al barajar la más adecuada, cada una de estas posibles respuestas podrá actuar como un nuevo estímulo que arranque un nuevo algoritmo, con una nueva disonancia que nos ayude a descartarla por una opción más adecuada.

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