No son pocos los fumadores que desean dejar de fumar, pero pudiendo dejar solo aquellos que consideran especialmente placenteros. Hoy voy a explicarte qué hay detrás de todo esto y si es posible este objetivo.

Los fumadores sienten la necesidad de fumar, por eso fuman. De este modo, no hay cigarrillos más placenteros que otros; todos los que se incluyen en la cajetilla son exactamente iguales. Lo que cambia no es el cigarrillo, sino el fumador, concretamente su estado de necesidad. Cuando la necesidad es pequeña, el síndrome de abstinencia es leve, y al retirarlo con un cigarrillo la recompensa obtenida también es pequeña. Si la necesidad es gigante, la recompensa será mayor. Es como quitarse una mochila de piedras: es más satisfactorio dejar de cargar una mochila con 40 kilos que otra con solo 5 kilos. No es una cuestión de placer, sino de alivio por eliminar un castigo. Y claro, cuanto mayor sea el castigo, mayor es ese alivio.

Entonces, ¿por qué el castigo es mayor cuando tomamos café? El cerebro tiene la capacidad de emparejar estímulos. En este caso concreto, el fumador ha emparejado el sabor y el olor del café al cigarrillo, de manera que cuando aparece el café, el castigo aumenta. Esto se produce porque ocurre un déficit de dopamina mayor. Cuando dejas de fumar, este emparejamiento se va debilitando hasta desaparecer del todo. Llegado ese momento te podrás tomar tu café sin que aparezca la necesidad de fumar, pues no habrá ningún castigo que retirar.

Y, para terminar, ¿por qué no puedo dejar de fumar dejando solo aquellos cigarrillos supuestamente más especiales? Solo los cerebros adictos tienen la capacidad de emitir esos picos de necesidad ante estímulos como el café. Cuando dejes de fumar y logres salir de la adicción, tu cerebro dejará de emitir ese castigo para siempre, sea cual sea el estímulo emparejado al que te expongas. Literalmente es imposible para alguien que ha superado la adicción.

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