Publicar en las redes sociales vídeos y artículos sobre tabaquismo ofrece la oportunidad de conocer lo que piensa una parte no despreciable de la ciudadanía. Tal y como pasó al inicio del COVID-19, cuando sobre algo no se tienen las ideas muy claras, el atrevimiento de unos cuantos resulta tan valiente como desvergonzado. No hay duda: las lagunas del conocimiento son una tentadora oportunidad para los harapientos del saber que están sedientos de gloria. Y así nacen los «expertos» en tabaquismo, graduados en la tan dignificada Universidad de la Calle.

No pretendemos que los legos argumenten sentando cátedra sobre alguna teoría neurobioquímica versada en la relación de la acetilcolina con los receptores nicotínicos, pero no sería mucho pedir que dejasen de hacer el ridículo ante la plebe con argumentos que ni un niño de ocho años se atrevería a parlotear.

En general, el sesgo más extendido proviene de carecer de un mínimo conocimiento de estadística. Con comprender el verdadero significado de sacar una bola blanca de un saco donde el noventa por ciento son rojas, nos ahorraríamos alguna que otra alma ruborizada. Y sobre ese tipo de ridículas inferencias, sobresalen comentarios como:

— Mi padre murió de cáncer y no fumó, mientras que mi madre fumó y nunca lo tuvo. — Con las pastillas o con fuerza de voluntad se deja de fumar; así lo hemos logrado en mi familia. — ¿Dejar de fumar? ¿Acaso los no fumadores no mueren?

¿Cómo pretendemos que algunos entiendan la adicción si ni siquiera son capaces de comprender la realidad que tienen frente a sus narices?

Una respuesta a «Cuando la ignorancia se sienta en la mesa del tabaquismo»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Totalmente de acuerdo

Deja un comentario