La fuerza de voluntad al dejar de fumar

Dejar de fumar es una cuestión únicamente de fuerza de voluntad”. Eso piensa la mayoría de la población, incluidos muchos profesionales sanitarios. Decirte simplemente que eso no es cierto no va a ser suficiente. Por ello, es necesario aportar datos. Empecemos.

Cualquier ser humano hace o deja de hacer cualquier cosa con el único fin de satisfacer una o varias necesidades. Por ejemplo, alguien puede ponerse a dieta con el propósito de satisfacer la necesidad de verse mejor delante del espejo o la de cuidar su salud. El gran problema surge cuando siente simultáneamente la necesidad de hacer justamente lo contrario: comer todo aquello que le apetece. Así es como aparece el conflicto o la incompatibilidad entre necesidades. Esto mismo es lo que le sucede al fumador: siente la necesidad de dejar de fumar (por los motivos que sean: cuidar su salud, ahorrar dinero, cumplir los deseos de otras personas, etc.) y, al mismo tiempo, la de cumplir con su necesidad de administrarse su dosis de nicotina para eliminar el desagradable síndrome de abstinencia.

Imagínalo de esta manera. Una fumadora con los brazos en cruz. De cada brazo parte una cuerda de la que tira en direcciones opuestas un grupo de personas. Cada cuerda representa cada una de esas necesidades. De cada cuerda pueden estar tirando con más o menos fuerza (intensidad) y durante más o menos tiempo (estabilidad). Esta fuerza es la motivación. Así, la persona se sentirá motivada para seguir fumando y motivada para dejar de hacerlo.

Cuando aparece un conflicto de necesidades, dos motivaciones distintas van a tirar en sentido contrario; la que sea más intensa y duradera vencerá. Lo importante es comprender que aquellos fumadores que sientan mayor motivación por dejar de fumar que por fumar deberán emplear menos esfuerzo en conseguirlo; es decir, deberán gastar menos fuerza de voluntad durante el proceso. En cambio, la situación contraria exigirá grandes dosis, haciendo que esta se pueda agotar.

De este modo, podríamos definir la fuerza de voluntad como aquella fuerza que debemos aplicar para compensar una carencia motivacional.

Ciertamente, que alguien no consiga dejar de fumar no significa que no tenga una extraordinaria fuerza de voluntad, sino que está extraordinariamente desmotivado.

La buena noticia es que el estado motivacional no es algo que no podamos cambiar, sino todo lo contrario. La motivación es la energía que nace de los motivos que seleccionamos para hacer algo. Si los motivos no son adecuados, en una y otra dirección de la cuerda, nos vemos obligados a emplear demasiada fuerza de voluntad. Por eso, si no conseguimos dejar de fumar, debemos ponernos dos objetivos:

  1. Elegir motivos que generen una pobre motivación para seguir fumando. Esto se consigue cambiando el “Fumo porque me gusta o es un placer” por lo que realmente se esconde detrás: “Fumo porque soy adicto a la nicotina, y lo único que hace el tabaco es quitar el síndrome de abstinencia. Si dejo de fumar, con el tiempo eso desaparecerá. No tiene sentido que siga fumando”.
  2. Elegir motivos que generen una alta y duradera motivación para dejar de fumar. En vez de dejar de fumar por mi familia y por el miedo a enfermar o morir (que es una emoción muy inestable), establecer la meta de dejarlo por el anhelo de superar la adicción y recuperar la libertad de no estar todo el día dependiendo de una droga. Es una cuestión de ser congruente con nuestra identidad y nuestro sistema de valores, algo mucho más estable y duradero.

Deja un comentario