Lógicamente, los motivos son varios, pero hoy vamos a abordar uno cuyo peso suele ser determinante.

Siempre decimos que lo que empuja al adicto a dejar de consumir cigarrillos es el malestar que siente por saber que está haciendo algo que no está bien. Ese runrún que tenemos en la cabeza que nos dice: “Deberías dejarlo”. Esa incomodidad psicológica se llama disonancia cognitiva. Ahora bien, no todos construimos el mismo tipo de disonancia:

  1. Por un lado, encontramos la disonancia que se genera entre la conducta de fumar y nuestro autoconcepto; es decir, la opinión que tengo de mí: mi identidad. Si yo me considero una persona sana y responsable, la conducta de fumar friccionará con la imagen de mí, emitiendo una motivación de alta calidad. Es lo que yo llamo el factor más intelectual de la disonancia cognitiva.
  2. En cambio, hay personas a las que la disonancia les aparece por contraponer la conducta de fumar a la idea de que están haciendo algo que es malo para la salud. Es decir: “Fumar mata… y yo fumo”. Aquí la identidad no tiene papel alguno; solo la preocupación de estar haciendo algo que, simplemente, no se debería. Lamentablemente, es una disonancia muy fácil de resolver con relatos tramposos (“Mi abuelo murió con 90 años y fumando un paquete al día”). Es el componente de la disonancia más visceral o emocional. La motivación que emite es de muy mala calidad.

La disonancia perteneciente al roce de la conducta disonante con nuestra identidad no se puede maquillar tan fácilmente: “Soy quien soy y como soy, y no encaja con estar consumiendo cigarrillos uno tras otro”. Esto nos ayuda a entender que la clave no es la fuerza de voluntad, sino el lugar desde donde estamos intentando dejar de fumar. En qué se sustenta nuestra elección: ¿en el miedo o la preocupación, o en ser una persona coherente con sus creencias y convicciones?

Entiendo que los fumadores del segundo grupo (los viscerales) se estén preguntando en este preciso momento cómo cambiar de bando; es decir, cómo potenciar esa disonancia intelectual. Aquí la respuesta: con el conocimiento. Un paso importante es comprender por qué uno fuma. Pasar del “Fumo porque me gusta” al “Fumo porque soy un adicto, no soy más que una puta marioneta manejada por los hilos de la adicción”. “Hacer algo porque gusta” no ataca la identidad, pero “considerarse un pelele que actúa sin decisión ni libertad, aun sabiendo que está aniquilando su salud y su dinero” es otra cosa bien distinta.

Ni yo ni ningún psicólogo debería decirte qué debes creer ni cómo debes pensar, pero sí podemos facilitarte la información necesaria para que el tránsito de un tipo de disonancia a otro suceda. Ahí Fumabook puede desempeñar un papel fundamental. ¿Te animas?

Una respuesta a «¿Por qué hay fumadores que dejan de fumar y fumadores que no?»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Hola Pablo.

    si me suena.

    yo ya he intentado dejar de fumar muchas veces.

    las dos últimas con todacitan.

    y ahora quiero dejarlo otra vez. Ya estoy cansada de fumar y se q me hace mal.

    tengo q tomar una decisión lo antes posible

    quería comenzar este mes de Agosto.

    Gracias por tu ayuda y dedicación.

    Te sigo.

    un abrazo

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