
El algoritmo del fumador
Los que me conocéis sabéis que soy más de inundar al fumador de información que de facilitarle simples consejos. Creo firmemente en la autonomía del adicto para resolver sus propios problemas como base de un buen tratamiento para acabar con el consumo de cigarrillos. Por eso, hoy vamos a dar un paso más allá, intentando profundizar en las raíces del problema. Soy consciente de la complejidad de la materia, pero estoy seguro de que afianzará vuestra posición en la lucha contra el tabaco (y, por qué no decirlo, en cualquier otro problema que, en estos momentos, os esté preocupando). Empecemos.
Las personas hacemos o dejamos de hacer las cosas con el fin último de satisfacer una o varias necesidades. Es decir, nuestra conducta está determinada por la intención de responder ante ciertas necesidades. Ejemplos claros: comemos para quitarnos el hambre o nos ponemos crema solar para evitar quemarnos en la playa. Además de nuestra conducta, en nuestro organismo también se producen de una manera automática una gran cantidad de fenómenos con el fin de cubrir determinadas necesidades. Son acciones que no dependen de nuestra conducta, sino de ciertas reacciones que se producen a nivel fisiológico sin que nos demos cuenta. Es lo que ocurre cuando nuestro cuerpo sube la temperatura corporal (fiebre) para acabar con algún agente infeccioso que ha entrado en su interior (virus, bacterias…). En algunas ocasiones especiales, una necesidad puede ser satisfecha mediante la participación de ambos mecanismos. En estos casos, nuestra conducta y determinadas reacciones fisiológicas actúan simultáneamente. Al exponernos a un extremo frío ambiental, el cuerpo genera calor y, a su vez, nosotros podemos participar buscando y poniéndonos una prenda de abrigo. De esta manera, y a modo de resumen, podemos concluir que existen tres tipos de necesidades:
1. Autónomas: las que se resuelven de manera automática mediante reacciones fisiológicas.
2. Colaborativas: son aquellas que se satisfacen gracias a nuestra participación.
3. Mixtas: un modelo híbrido de autónomas y colaborativas.
Con el fin de conocerlas a fondo, es muy importante comprender cómo se inician, gestionan y finalizan estas necesidades. Para ello, conoceremos el mecanismo que siguen las necesidades autónomas y colaborativas a través del modelo del algoritmo de las necesidades, un formato que nos permitirá conocer cada uno de los pasos que intervienen en su formación y resolución.
a) Algoritmo de las necesidades autónomas. Cualquier necesidad se inicia con un estímulo que se presenta y que contiene información. Por ejemplo, la presencia de un virus en nuestra sangre. Es importante comprender que este estímulo carece de un significado concreto (a continuación comprenderás esto).
A continuación, alguien tiene que hacerse responsable de recepcionar el estímulo y asignarle ese significado. De esto se encargará el procesador. En el ejemplo propuesto, ciertas células del sistema inmunitario (como los macrófagos) detectan al virus, asignándole un significado concreto: “Microorganismo infeccioso peligroso que puede poner en riesgo la salud o la vida del individuo y, por lo tanto, debe eliminar”.
Es en el interior de este procesador donde se elabora la necesidad; concretamente la de eliminar el virus. Es muy importante entender que esta necesidad no es percibida por nosotros; por ello la llamamos necesidad silente (o silenciosa). Solo es identificada por el organismo. Va a representar el tercer elemento del algoritmo.
Una vez que el procesador detecta la necesidad silente, activa una respuesta o serie de respuestas automáticas con el fin de satisfacerla. En este ejemplo, el macrófago libera una sustancia que, al llegar al cerebro, provoca el aumento de la temperatura corporal (fiebre) que eliminará el virus. De este modo se finaliza el algoritmo.
A continuación, vamos a abordar las necesidades colaborativas.
b) Algoritmo de las necesidades colaborativas. Como vimos, las necesidades colaborativas se diferencian de las anteriores porque necesitan nuestra participación. Es lógico comprender que, en estos casos, la necesidad no puede ser silenciosa. Para ello, deberá ser convertida en algo que sea perceptible para nosotros. Entendamos esto. Imagina que estamos ante un estímulo concreto: la bajada de glucosa en la sangre. Esta es detectada por unos procesadores concretos (neuronas) que perciben la necesidad silente de obtener glucosa del exterior. Como el organismo no puede lograrla por sí solo, necesita que nosotros la ingiramos. Para ello deberá convertir la necesidad silente en una necesidad manifiesta: el hambre. Lo importante es comprender que las necesidades silentes se manifiestan siempre a través de un malestar, o un conjunto de sensaciones incómodas.
La presencia del malestar, o sea de la necesidad manifiesta, emitirá un impulso para que el sujeto haga algo para eliminarla. El ser humano tiene la tendencia natural a suprimir todo aquello que le hace sentir mal. Este impulso está muy relacionado con la motivación que sentimos para hacer ese algo. Si el hambre es atroz, me sentiré muy motivado para ir a la cocina y prepararme algo. En cambio, si el hambre es pequeña, quizá no me sienta lo suficientemente motivado para levantarme del sofá.
Según cómo sea la intensidad de ese impulso, la persona emitirá una respuesta, que podrá ignorar o satisfacer la necesidad. Por ejemplo, comiéndose una manzana o quedándose con la boca cerrada para no engordar.
Como puedes comprobar, las necesidades colaborativas son las que más nos interesan, pues participamos activamente en ellas. Llegado este momento, es fundamental comprender que existen tres tipos de necesidades colaborativas: de origen fisiológico, cognitivo o mixtas. No te asustes, con la información que te voy a proporcionar lo vas a entender a la perfección.
1. De origen fisiológico: se caracterizan porque la necesidad silente es detectada por un procesador de tipo fisiológico, es decir, los procesadores suelen ser células que la perciben mediante determinadas reacciones fisiológicas. Aquí ubicamos el ejemplo de aquellas neuronas que detectan el descenso de la glucosa en la sangre.
2. De origen cognitivo: las necesidades silentes son configuradas por nuestro sistema cognitivo, es decir, gracias fundamentalmente a la participación de nuestro sistema de creencias y nuestros pensamientos. Pongamos un ejemplo. Nos presentamos ante un estímulo representado por la exposición a la luz solar en un día de verano. Nuestro sistema de creencias interpreta este estímulo elaborando la necesidad silente de ponernos un protector solar sobre la piel para evitar quemarnos. Esto se convertirá en una necesidad manifiesta en forma de preocupación o intranquilidad por miedo a sufrir quemaduras o, a largo plazo, envejecimiento prematuro o cáncer de piel. En concreto, si no hay un sistema de creencias operando, interpretando lo que sucede a nuestro alrededor, es imposible sintetizar este tipo de necesidad de naturaleza cognitiva. Si has leído Fumabook, debes entender que a este nivel se localiza aquello que conocemos como disonancia cognitiva. La propia disonancia representa esa necesidad de alcanzar la congruencia entre nuestras creencias o entre estas y nuestros actos. Concretamente, podríamos afinar, asegurando que esta disonancia contiene dos elementos o fracciones fundamentales:
a) Uno de tipo intelectual, que supone la fricción teórica que se produce entre nuestras creencias o entre estas y nuestra conducta: “estoy tomando el sol sin protección” (conducta) y “eso puede ser malo para la salud” (creencia). Representa la necesidad silente del algoritmo. Supone la necesidad de ser coherente con uno mismo (“Lo correcto es aplicarse protector solar”).
b) Y otro de tipo más emocional o visceral: el malestar, la culpa o la intranquilidad que se puede experimentar por no actuar en congruencia con mis creencias. Aquí encontramos las emociones que derivan de los pensamientos que aparecen tras activarse aquel componente de tipo intelectual (“¿Y si desarrollo en un futuro un cáncer de piel?”).
Es muy importante comprender, y siguiendo el contenido de Fumabook, que la fracción más intelectual es la responsable de emitir una motivación de tipo integrada (de alta calidad), y la emocional, de tipo contextual (que, como recordarás, es menos recomendable. Sin duda, la motivación procedente de las emociones es más inestable).
El acto de dejar de fumar supone la respuesta de cierre de un algoritmo que es iniciado ante la idea de que fumar es malo y que uno debería dejarlo. Del mismo modo, la elaboración de una creencia adictiva irracional sería una manera tramposa de resolver el mismo algoritmo (“Sé que tengo que dejar de fumar, pero es que yo no tengo fuerza de voluntad”). Lamentablemente, lo que hace la mayoría (no solo los fumadores, sino cualquiera que mantenga una conducta reprochable que se niega a eliminar, como comer dulces a diario).
3 De origen mixto: las necesidades de tipo mixto son las que más interesan ahora mismo, ya que operan en el campo de la adicción a la nicotina. Expliquemos esto. Con el tiempo, el fumador experimenta una serie de cambios a nivel cerebral que podría sintetizarse en la necesidad de administrarse nicotina para no experimentar el desagradable síndrome de abstinencia. Esto representa la dependencia física. Aquí ubicamos la necesidad colaborativa de tipo fisiológico. El organismo necesita nicotina al igual que comida, pero en vez de hambre, lo que emite es el síndrome de abstinencia. Así hace que te enciendas y te fumes el cigarrillo. Ahora bien, en el tema del tabaco también aparece una necesidad colaborativa de tipo cognitivo. Por ejemplo, cuando el fumador siente el síndrome de abstinencia, puede pensar que su vida no va a ser igual sin tabaco; que, por ejemplo, no va a ser igual de feliz o que no va a poder sobrellevar sus problemas personales. Esto configura la dependencia psicológica, que tiene un papel mucho más determinante en el proceso de salida de la adicción. Es decir, por un lado el organismo nos pide nicotina, pero por otro, somos nosotros (a través de nuestras creencias) los que implantamos otro tipo de necesidad de tipo cognitivo (“Necesito fumar para disfrutar de la vida y estar relajada”).
Incompatibilidad de algoritmos y efectos sobre la motivación neta
El título de este apartado puede sonar muy rimbombante, pero estoy seguro de que lo vas a entender a la perfección después de leer mis explicaciones. Como comprenderás, las necesidades colaborativas (sean fisiológicas, cognitivas o mixtas) no caminan solas, sino todo lo contrario. Las personas somos bombardeadas continuamente con distintas necesidades de muy diversa naturaleza. Algunas de ellas tenemos que darle respuesta sobre la marcha; en cambio, hay otras para las que tenemos más tiempo. Lo importante en estos momentos es comprender que existen necesidades cuyos algoritmos resultan completamente incompatibles, más concretamente sus respuestas (el último eslabón del algoritmo). Es justamente lo que sucede con el tabaco. Veamos qué dos algoritmos se hacen incompatibles en la temática del tabaco:
a) Ante el descenso de nicotina en mi cuerpo, mi organismo activa un algoritmo de necesidades colaborativas, en el que me pide, a través del síndrome de abstinencia, que me fume un cigarrillo.
b) Ante mi consumo reiterado de cigarrillos, mi mente me pide que deje de fumar ante el riesgo de enfermar o morir.
En resumen, nos encontramos un sujeto que siente dos cosas absolutamente incompatibles: fumar para aliviar el mono (síndrome de abstinencia) y no fumar para cuidar la salud. Profundizando más en el algoritmo, sería decir que la persona siente un impulso por fumar y un impulso por no fumar. Recuerda que antes vimos que el impulso está relacionado con la motivación. De ese modo, podríamos afirmar que la persona se verá motivada para fumar, pero también para dejar de hacerlo. Aquel algoritmo que presente mayor motivación vencerá.
El problema es que los fumadores no activan un único algoritmo en cada dirección, sino unos cuantos. Veamos algunos ejemplos:
– Fumar: necesidad de quitar el mono, necesidad de ser feliz, necesidad de controlar la ansiedad, necesidad de soportar el estrés del trabajo, etc. Es decir, el sujeto no solo tiene que luchar contra la necesidad fisiológica de nicotina que le pide su cuerpo, sino contra todas esas necesidades colaborativas de tipo cognitivo que ha construido su mente a través de sus creencias adictivas irracionales (“Sin tabaco no puedo disfrutar de la vida”).
– No fumar: necesidad de proteger la salud, necesidad de ahorrar dinero, necesidad de contentar a la familia, necesidad de no sentir miedo a morir por tabaco.
El gran obstáculo aparece porque las personas suelen construir más algoritmos para seguir fumando que para dejar de hacerlo. Esto provoca que el sumatorio de la balanza motivacional se incline poderosamente hacia el mantenimiento de la conducta disonante (fumar). De este modo, la persona estará muy motivada para seguir fumando y poco motivada para dejar de fumar. Esta carencia de motivación es la responsable de que la mayoría de los fumadores no logre dejar de fumar. Esta carencia es la responsable de que la fuerza de voluntad no sea suficiente. Por eso, cuando alguien no consigue dejar de fumar no debería decir “No tengo fuerza de voluntad” sino “Estoy insuficientemente motivado”.
Dejar de fumar luchando únicamente contra la necesidad colaborativa fisiológica de nicotina sería tremendamente sencillo. El problema aparece cuando se introducen en la ecuación todos esos algoritmos colaborativos cognitivos provocados por esas creencias adictivas que caracterizan a los fumadores (“El que es fumador lo es para toda la vida”, “Es imposible ser feliz sin fumar”). Si no las tratas, puede ser realmente difícil o literalmente imposible.
Más allá de la adicción a la nicotina
El conocimiento de esta información tiene un alto valor a nivel metacognitivo. Es decir, nos ayuda a observar y comprender, sin juzgar, nuestra manera de pensar y de hacer las cosas. Y aquí tiene una especial relevancia esa afirmación de “El estímulo carece de significado” (aunque sí de información) y que es asignado por los procesadores. En los algoritmos de necesidades colaborativas de tipo cognitivo esto es crucial. Veamos un ejemplo.
Imagina que te llama tu cuñada y te dice: “Tú no eres buena persona”. Aunque esa frase contiene una información objetiva (la mujer de tu hermano piensa, y te lo ha hecho saber, que no eres una persona que se porta bien con los demás), otra cosa muy distinta es el significado que le demos nosotros y que dependerá de diversos factores contextuales o personales. Un factor contextual es que la cuñada padezca de demencia y, por lo tanto, le asigne el siguiente significado: “Mi cuñada quizá ni siquiera sepa ya quién soy, no me importa lo que haya dicho de mí”. Uno de tipo personal sería poseer la creencia “Mi cuñada me tiene envidia”, hecho que favorecerá pensamientos del tipo “Es normal que piense eso, es una envidiosa”. Imagina que tu cuñada está mentalmente sana, y es mucho más guapa y exitosa que tú. En este caso, puede interpretarse “Tú no eres buena persona” de una manera que active una necesidad manifiesta, concretamente y poniendo un ejemplo, con esa sensación de “tener que hacer justicia”: “Mi cuñada no tiene derecho a decir eso de mí, me las pagará”. La respuesta a este algoritmo podría ser, por poner un ejemplo atroz, “pinchándole las ruedas de su lujoso coche”.
Aquí comprobamos el papel tan relevante que tienen nuestras creencias en nuestras necesidades. En la época actual son muchos los que viven amargamente por culpa de interpretar erróneamente la realidad que le rodea, sobre todo en términos de “injusticia” respecto a uno mismo (lo que yo creo que me merezco o cómo debería portarse la vida conmigo) y respecto a los demás (cómo creo que deberían comportarse los demás conmigo). Con ello, quiero hacerte ver que todo aquello que te preocupa y no te deja ser feliz tiene que ver más con tus creencias que con las cosas que suceden a tu alrededor. Si adoptas una posición metacognitiva, comprenderás que la vida no es tan injusta.
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