Ricardo y Laura coincidieron una tarde en un curso de fotografía. Durante los descansos solían salir al patio a fumar mientras comentaban las imágenes que habían tomado.

Ricardo llevaba fumando más de treinta años. Siempre decía que conocía a personas que habían fumado toda la vida y habían llegado a ancianas sin grandes problemas de salud. Además, hacía deporte varias veces por semana y se consideraba una persona fuerte. Estaba convencido de que el tabaco no tendría consecuencias importantes para él.

Laura, por su parte, deseaba dejar de fumar desde hacía años. Había hecho varios intentos, pero siempre regresaba al cigarrillo. Creía que fumar era lo único que conseguía calmarla cuando estaba nerviosa o triste. La idea de vivir sin tabaco le producía inseguridad, como si fuera a perder una parte importante de sí misma.

Meses después, ambos acudieron a una revisión médica. Aunque sus resultados no eran idénticos, los dos recibieron el mismo mensaje del especialista: si continuaban fumando, el riesgo de sufrir una enfermedad grave aumentaría considerablemente.

Al salir de la consulta, Ricardo tomó una decisión inmediata.

—He terminado con esto —dijo mientras tiraba el paquete de cigarrillos a una papelera.

Y así fue. Los primeros días no fueron cómodos, pero cada vez que sentía ganas de fumar recordaba que el tabaco sí podía dañarle. La idea que había sostenido durante años había dejado de tener sentido. Poco a poco, abandonar el consumo se volvió más fácil de lo que había imaginado.

Laura también intentó cambiar. Redujo el número de cigarrillos y aguantó algunos días sin fumar. Sin embargo, cada momento de ansiedad reforzaba su convicción de que necesitaba el tabaco para sentirse bien. Cuanto más luchaba contra las ganas de fumar, más miedo sentía. Finalmente volvió a consumir la misma cantidad que antes.

Un año después, ambos se encontraron de nuevo. Ricardo llevaba meses sin fumar y se sentía satisfecho con su decisión. Laura seguía atrapada entre el deseo de dejarlo y el temor a hacerlo.

Entonces comprendieron algo que nunca les habían explicado. El problema no era únicamente el cigarrillo. Cada uno había construido una historia diferente alrededor del tabaco. Ricardo fumaba porque creía que nunca sufriría consecuencias graves. Laura fumaba porque creía que no podía sentirse bien sin ello.

La misma advertencia había derribado la historia de Ricardo, pero no la de Laura.

Y así descubrieron que dos personas pueden compartir una misma adicción y, sin embargo, necesitar caminos completamente distintos para superarla.

3 respuestas a «Una adicción con dos historias.»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Personalmente me veo identificado en los dos perfiles. Antes más en Ricardo. Ahora tras varios intentos en Laura. Creo que tras varios intentos frustrados, palpo el miedo y la ansiedad porque veo que realmente estoy entrampado en un trampa y no me siento capaz de salir yo solo. Gracias por estar ahí y recordarme que la solución existe aunque no tenga fuerzas. Mantengo una reflexión constante para liberarme del tabaco para siempre. Un saludo

  2. Avatar de
    Anónimo

    yo soy mezcla de ambos! Porque se perfectamente que me hace daño y al mismo tiempo me pasa lo que a Laura . Que difícil es aprender!

  3. Avatar de maquetru
    maquetru

    Pablo gracias por la labor que haces, estoy en ello y muy decidida

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