El fin de una Necesidad

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Ser fumador no significa ser una persona irresponsable que lleva a cabo una conducta que afecta a su salud. Eso es lo que muchos piensan, y está muy lejos de la realidad. Cuando una persona se vuelve adicta, necesita consumir la sustancia adictiva (alcohol, nicotina, heroína, etc.) cada cierto tiempo. Es así de simple y así de complejo. Que después el fumador piense que fuma porque quiere o porque le gusta, no deja de ser una interpretación errónea que su mente adicta hace de la situación.

Esta confusión (la de pensar que uno fuma porque quiere y/o porque le gusta) está muy motivada, en primer lugar, por la normalidad con que se acepta socialmente esta droga y, en segundo lugar, porque la mente del fumador se autoprotege de esa idea de que “es un drogadicto y fuma porque necesita una nueva dosis de la misma forma que un alcohólico necesita una copa al poco de despertar o un cocainómano esnifar una raya antes de entrar en el trabajo“.

El fumador tiene que dar un primer paso primordial para comprender que fuma por necesidad de su cerebro adicto y no porque le es placentero. Esto le cuesta mucho asimilarlo al fumador. Él siente como al fumar un cigarrillo le aporta placer, le parece algo indiscutible.

El segundo paso que tiene que dar el fumador es saber que esta “necesidad” de droga desaparece con el tiempo. Así es, con los meses y los años va disminuyendo hasta que desaparece en su totalidad. Es decir, un día las ganas de fumar desaparecen por completo.

Un tercer paso que debe dar es saber que hay quienes no olvidan al tabaco en sus vidas, pero que eso es consecuencia de un mal “duelo” del proceso de ruptura con la droga (como el que nunca olvida a una antigua pareja), que no representa la generalidad y que no es lo que le tiene que suceder cuando deje de fumar.

Una vez el fumador interioriza que se fuma por “necesidad”, está obligado a comprender que el fin de dejar de fumar no es convertirse en un ser inmune a la droga o llegar a un punto donde puede controlar su consumo (fumar en ocasiones especiales). No es importante ser inmune al tabaco (fumar sin que signifique recaer de una forma permanente) ni controlarlo (fumar solo en las ocasiones que uno elija), pues SI LA NECESIDAD HA DESAPARECIDO, LA PERSONA YA NO REQUIERE DE UNA NUEVA DOSIS. Esta perspectiva también cuesta mucho asimilarla. Suele comprenderse cuando uno lleva mucho tiempo sin fumar. En el fondo, la mayoría de fumadores piensan que jamás dejarán de ser “fumadores” en lo más hondo de su interior, y eso es un tremendo error. Cuando la necesidad de tabaco desaparece, uno deja de ser un adicto y se convierte en un no fumador completamente sano que no precisa de más droga es su vida.

http://www.fumabook.com

 

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