El Señor de los Anillos y el tabaquismo

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Si hay una película que podemos usar como ejemplo para entender la adicción al tabaco, esa es El Señor de los Anillos.

El anillo de poder mandado a forjar por Sauron representa al cigarro. El personaje, Bilbo Bolson, es atrapado por su poder de atracción. Recordamos la escena en la Comunidad del Anillo, cuando el mago Gandalf entra en casa de Bilbo y le sugiere que lo deje dada su peligrosidad. Bilbo, en un primer momento, parece hacerle caso, pero su poder de atracción le hace replanteárselo, negándose y enojándose con él. Dice: “pero a ti que te importa lo que yo haga con mis cosas”, frase muy habitual en los fumadores que se niegan a dejar el tabaco. Esta escena nos recuerda mucho al momento en que un médico o nuestra pareja nos sugiere que dejemos de fumar, haciéndonos enfadar e ignorar sus recomendaciones.

Para ver la escena, pinche aquí

Por otra parte, podemos ver la abstinencia en el personaje de Gollum, que se ha llevado siglos encadenado al anillo, y una vez lo pierde, necesita ansiosamente buscarlo y sentir de nuevo el placer de poseerlo.

El poseedor del anillo, con el paso de los años, se vuelve más dependiente y más atado a su poder de atracción, tal y como ocurre con la adicción al tabaco.

Otra escena de la película que nos recuerda al tabaquismo, es la reacción del Bilbo tras entrar en contacto con el anillo tras mucho tiempo, despertándole súbitamente esa imperiosa necesidad de poseerlo de nuevo. Esto mismo ocurre cuando una persona que lleva mucho tiempo sin fumar coquetea con el cigarro en una fiesta o en la celebración de una boda. De nuevo sus deseos de poseer el cigarro se apodera diabólicamente de él. Bilbo dice en la película: “Mi viejo anillo, me gustaría sujetarlo por última vez” (una última caladita).

Para ver la escena, pinche aquí

Al igual que el tabaco, el anillo genera creencias erróneas del tipo de las que aparecen en el fumador, tal y como explicamos en el libro fumabook. Gollum, una y otra vez, tiene pensamientos inventados que le encienden y avivan esa necesidad de recuperar su preciado tesoro a cualquier precio. Vemos en la escena cómo construye un diálogo interno envenenado con el único propósito de volver a poseerlo. Se encuentra sumergido en una terrible ira. Sus perversas argumentaciones se enfrentan con otras contrapuestas, tal y como le sucede al fumador al chocar sus pensamiento “quiero dejar de fumar – pero quiero fumarme uno por lo mal que lo estoy pasando”. La voz que procede de la adicción trata de callar a esa parte nuestra que nos dice que debemos dejar de fumar. La eterna lucha entre el demonio y el angelito que llevamos dentro.

Para ver la escena, pinche aquí

La única discrepancia entre el anillo y el cigarro, es que el anillo prolonga la vida, mientras fumar la acorta.

Espero que os haya entretenido.

¡Hasta la próxima!

P.M. Alles – Psicólogo y escritor del manual para dejar de fumar: Fumabook

www.fumabook.com

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