¿Cómo es experimentado todo el proceso de fumar en el interior del adicto? Cada vez que el fumador efectúa una inhalación de humo, sentirá cómo se retira parte del síndrome de abstinencia, de ese castigo; este fenómeno será interpretado subjetivamente por él como un aporte de algo bueno, que gusta o genera placer. Ciertamente, es importante comprender que, en el fumador crónico, en el adicto, fumar no aporta nada, solo tiene la capacidad de retirar el castigo que la propia droga ha impuesto previamente ―la fusta del cerebro adicto―. Eso es lo que verdaderamente hay detrás de toda la experiencia del fumador tras el paso de los años consumiendo: condena, castigo y remisión momentánea de la pena. No es lo mismo la obtención de un premio que la retirada de un castigo, aunque ambas actúen como reforzadores de la conducta. No obstante, al fumador le cuesta entender e interiorizar toda la argumentación que le podamos dar y que vaya en contra del concepto «placer» en este contexto, o de toda esa experiencia placentera que él está seguro de sentir. Es por ello, por lo que no es raro que los fumadores se abracen errónea e interesadamente al término «dopamina» para construir un relato sólido que dé soporte a sus sensaciones. Este es el motivo por el que veo muy conveniente abordar en estos momentos la cuestión de la dopamina. Sobre todo lo que a continuación te explique, no existe una absoluta certeza ―el conocimiento científico es muy limitado al respecto―, pero, lo que sí te puedo asegurar, es que se aproxima más a la realidad que aquello que pensábamos hasta hace muy poco y que creen la mayoría de los fumadores. Aunque sé que me meto en camisa de once varas, creo muy conveniente acabar con ese papel romántico y desfasado que desempeña la dopamina en la vida del fumador ―me merecerá la pena el riesgo―.

Existe un conocimiento popular fuertemente arraigado ―no solo en la población en general, también en el sector de los profesionales sanitarios― dirigido a comprender el proceso de la siguiente manera: «Yo fumo; la nicotina produce una liberación de dopamina en mi cerebro, que es la molécula de la felicidad, y yo experimento placer». Esto no es así de sencillo. Para evitar malas interpretaciones, daré una explicación muy general basándome en lo que los estudios parecen apuntar a día de hoy, para que, al menos y de momento, nos ayude a desmontar ciertos mitos que suelen torpedear el proceso de dejar de fumar. Cuando un joven de catorce años fuma en las primeras ocasiones, sentirá una especie de placer procedente de varias circunstancias. Una de ellas es el contacto con la droga (nicotina), pero habrá otras y serán aquellas que estén relacionadas con eso de recibir la aprobación de su grupo social, la experiencia de sentirse mayor o el hecho de llevar a cabo una conducta prohibida. En esta situación inicial, se producirá una liberación extra de dopamina ―y de otros neurotransmisores más― que será responsable de esas sensaciones placenteras que va a experimentar el individuo. Cuando la persona se convierte en una fumadora crónica que se administra periódicamente nicotina, estas elevaciones repetidas de dopamina serán contrarrestadas crónicamente por el organismo para alcanzar su deseada homeostasis ―o equilibrio interno―. Al cerebro no le interesará que la dopamina esté permanentemente por encima de los niveles basales, por ello pondrá en marcha determinados mecanismos para que los niveles sean inferiores. Esta acción se traducirá en una situación en la que el cerebro del adicto entrará en un déficit de dopamina permanentey que será el causante de esas sensaciones desagradables que siente la persona cuando deja de fumar ―síndrome de abstinencia―. El déficit de dopamina es sinónimo de dolor (disforia, tristeza, desánimo, etc.). Esto explica que, con el tiempo, el fumador, cada vez que fume, ya no alcance ese nivel extra de placer que sentía al principio―lo que siempre hemos conocido como «tolerancia»―, sino la recuperación de su nivel basal de cuando no era un adicto. De este modo, el incendio virulento interno del fumador del que hablaba antes representará al déficit máximo de dopamina, y la situación de tranquilidad tras el consumo, la aproximación a su nivel basal. Fumar realmente no es un placer, fumar supone recuperar momentáneamente la tranquilidad que la persona poseía antes de convertirse en un adicto; no es la emisión de un premio, sino la eliminación de un castigo. Ahora lo interesante es saber qué ocurre cuando uno deja de administrarse la droga de forma permanente.

Cuando una persona deja de fumar, el déficit continuado de dopamina se mantendrá fijo por la ausencia de nicotina, circunstancia que, mantenida en el tiempo, será interpretada por el organismo como una nueva pérdida interna de su homeostasis ―en lugar de por arriba como cuando empezó a fumar, ahora será porabajo―. De este modo, durante las primeras semanas sin consumo ninguno de nicotina, el cuerpo pondrá en marcha los mecanismos necesarios para recuperar paulatinamente los niveles basales de dopamina y así su deseada homeostasis. En resumen, supone comprender que el malestar que uno siente cuando deja de fumar es la información que tomará el organismo como señal de que debe aumentar la dopamina de manera natural; es decir, sentirse mal es un indicador de que el cuerpo va a poner en marcha sus mecanismos compensatorios. Algunos estudios han hallado que un pequeño porcentaje de la población adicta tiene ciertos problemas a la hora de restaurar estos niveles basales. En ningún caso, se debiera entender esto como la imposibilidad por parte de algunas personas para volver a sentirse bien tras dejar de administrarse la droga, sino como un nuevo campo de conocimiento que está aún pendiente por explorar. Este fenómeno podría estar explicado, por ejemplo, por la exposición recurrente del exfumador ante determinados estímulos ―a) externos, liberadores de dopamina (aplicaciones del móvil, comida ultraprocesada, sexo, etc.); b) condicionados con la conducta de fumar (alcohol, café, etc.); o c) internos (como el propio pensamiento rumiante sobre el tabaco o la simple imaginación del acto de fumar)―, que podrían estar bloqueando la recuperación de los niveles de este neurotransmisor. De ahí que el tratamiento cognitivo-conductual pueda tener un papel tan primordial en esta función restauradora.

Por esto, es también relevante entender que el mecanismo «fumar-liberación de dopamina» no es así de simple. La mayor parte de la liberación de dopamina no se produce por el hecho de llegar nicotina al cerebro, sino ante la presentación de determinadas señales sensoriales ―visuales, olfativas, etc.―; así, la dopamina se empezará a liberar algo antes del propio consumo de la droga. Por ejemplo, al ver a alguien fumar o por el simple hecho de sacar la cajetilla de cigarros del bolso. En este proceso intervendrá muchas más variables que no serán abordadas para no hacer la explicación más compleja. Todo esto nos debe cambiar la tradicional manera de entender la dopamina como la molécula del placer o la felicidad, y adoptar una nueva en la que nos muestra a este neurotransmisor como una molécula que dirige y refuerza nuestra conductacomo si de los hilos de una marioneta se tratara. El papel principal de la dopamina en esto del tabaco no es el de generar directamente placer; en un primer momento dirige la conducta y, en un segundo, elimina el castigo emitido por el déficit que la nicotina causó ―como entenderás, todo esto no tiene nada que ver con la libertad que muchos sienten ante la decisión de seguir fumando. Más bien, todo lo contrario, algo que nos domina―.

Toda esta situación es la que justifica que, a menudo, compare el cigarrillo con una fregona que presenta una mitad de sus tiras limpia y otra sucia. Primero pasa por el suelo la parte sucia, para después hacer necesaria aplicar la limpia. El cigarrillo te baja la dopamina para luego dejártela en el nivel inicial ―una manera muy simple, pero astuta de hacerse imprescindible―. Es como un ladrón que te roba la comida para después atribuirse el mérito de darte de comer cuando estás hambriento ante la ausencia de los alimentos que, precisamente, él mismo sustrajo―la artimaña principal del cerebro adicto―.

9 respuestas a «La Dopamina en el fumador»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Soy fumadora empedernida, enferma. Entiendo bien el concepto que acabas de exponer. Sigo sintiéndome incapaz de dejar el tabaco

    1. Avatar de Pilar Arguiñáriz [Palel]

      … yo también lo era, más de 50 años fumando (desde los 12-13 hasta los 64) cada uno de sus días, no dejé de fumar ni en mi embarazo 😦 

      Y jamás me había planteado el dejarlo… hasta que llegó un día y lo hice, me puse una fecha, el 15 de enero (del 2023), me mentalicé, me preparé y… hasta hoy, 571 después. Al principio se pasa un poco mal, pero se consigue, yo soy la prueba de ello… y muchísima más gente.

      Este blog y todos sus artículos pueden ayudarte a conseguirlo.

      ¡ÁNIMO!

      1. Avatar de anamenendezabril2024
        anamenendezabril2024

        Hola, yo me parezco mucho. 40 años fumando, también desde los 13-14… Y llevo 8 meses. Si yo puedo todo el mundo puede.

    2. Avatar de
      Anónimo

      Todos creemos que somos incapaces, después de 46 años fumando cada dia sin excepción, encontre las sesiones para dejar de fumar de Pablo, me preparé y aquí estoy seis meses sin fumar ni una sola calada. No me lo creo ni yo. Te a seguro que si puedes

  2. Avatar de
    Anónimo

    muy bueno, bien explicado, gracias

  3. Avatar de Pilar Arguiñáriz [Palel]

    Y sigo… 571 días en libertad, libre de humos, libre de droga.

    ¡Se puede, vaya sí se puede!

    Para ANÓNIMO – FUMADORA EMPEDERNIDA: yo también lo era, más de 50 años fumando (desde los 12-13 hasta los 64) cada uno de sus días, no dejé de fumar ni en mi embarazo 😦 Y jamás me había planteado el dejarlo… hasta que llegó un día y lo hice, me puse una fecha, el 15 de enero (del 2023), me mentalicé, me preparé y… hasta hoy, 571 después. Al principio se pasa un poco mal, pero se consigue, yo soy la prueba de ello… y muchísima más gente. Este blog y todos sus artículos pueden ayudarte a conseguirlo.

    ¡ÁNIMO!

  4. Avatar de
    Anónimo

    llevo intentando dejar de fumar hace 3 años y todavía no lo he conseguido, ayer y anteayer solo me fumé 1, pero fumé, a ver si hoy cuenta con un primer día sin malos humos

  5. Avatar de
    Anónimo

    La dependencia que crea la droga en la mente genera malestar y la solución para calmar ese malestar es más consumo de la propia droga, con lo cual es un círculo infinito que sólo se romperá si saltamos fuera de él.
    Esta salida es, si no hay una preparación previa, bastante dolorosa ya que nuestra mente asocia bienestar con salud y malestar con enfermedad.
    En el caso de dejar de fumar para salir de la adicción a la nicotina es al contrario: Cuando abandonamos el consumo de la droga hay un tiempo en que notamos malestar, el que la mente adicta provoca pidiendo si dosis.
    La suerte es que al mismo tiempo que esa parte va menguando la parte sana, la capitana, se va haciendo más fuerte y recuperando territorio. ¿Algo así?

    Manuela.

  6. Avatar de
    Anónimo

    fumador desde los 13 años, actualmente 66, llevó 3 días sin consumo ninguno, el carcelero a tope, compre las pastillas por si no podía, y de momento me estoy apañando sin ellas

    si se puede , aunque cuesta para que vamos a negarlo

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