
Cuando en Fumabook decimos que todo fumador debe pagar un peaje al dejar de fumar, lo decimos por algo. El peaje no es soportar un día de ansiedad, ni doce. El peaje no es desear fumar después de cada café y tener que decir que no una y otra vez. El peaje no es un día que uno cae en una profunda tristeza y termina llorando. El verdadero peaje que tiene que abonar el fumador es aquella circunstancia en la que cree que está todo perdido, que debe demorar el intento y hace caso omiso a la voz de su adicción; es decir, se crece a pesar de los “dolores” y sigue en la lucha (se pone los zapatos, a pesar de las ampollas, los aprieta… y sigue caminando). No supone decir que NO al cerebro adicto en una posición de seguridad y templanza a los pocos días de haberse empapado el material de Fumabook inmenso en una increíble felicidad y motivación, significa decir que NO a uno mismo cuando la adicción se ha apoderado de nuestros pensamientos y de nuestras palabras; es ir en contra de uno mismo ignorando a los propios razonamientos pero abrazando esa promesa que un un día se hizo de no dejarse hipnotizar por aquel engaño mental. Es elevarse y salir del barro, comprendiendo desde una perspectiva metacognitiva que ése que está allí lamentándose y refunfuñando es una parte más del problema (sí, tu parte quejica es parte también del problema). Porque de nuestras creencias adictivas parten los pensamientos y sus emociones y conductas negativas. Desde un poco más allá, donde no haya ruido, ni brisa, ni nada… observar y observar, solo observar. Ése es tu peaje, mirarte morder el polvo y comprender que es parte del proceso, de la trampa, de la enfermedad.. Sin fuerza de voluntad, sin la dichosa motivación…solo con tu consciencia, flotando en el oscuro Universo, mirando como el cutre del Carcelero maneja con los hilos lo que queda de tu parte adictiva como un viejo disfraz. Déjasela, se la pudrirá en sus manos… ¡qué se la quede!
¿No está dispuesto a todo eso?
Replica a Pilar Arguiñáriz [Palel] Cancelar la respuesta