Introducción

Otros sujetos, en cambio, realizan una liberación del tabaco, llamémosla, “inadecuada”. Para entenderlo mejor, pongamos un ejemplo. Hay personas que, cuando rompen con su pareja, tienden a idealizarla y sobrevalorarla. Pueden estar continuamente viendo fotos o vídeos del pasado e, incluso, buscándolas por las redes sociales para saber de ellas. En este caso, podemos decir que no se permite llevar a cabo un “duelo” normalizado de esa pérdida. Siguen psicológicamente enganchados a eso que deben olvidar. Llegan a depender patológicamente de la persona, no permitiéndoles pasar página e, incluso, rehacer sus vidas. Pero, como entenderás, esto no es lo que ocurre frecuentemente. Lo normal es que, tarde o temprano, cada uno supere la separación y siga su camino solo o junto a una nueva compañía. Esto mismo sucede con el tabaco. Hay personas que no consiguen desligarse de él de una forma saludable. Deciden dejar de fumar manteniendo una serie de creencias nada aconsejables para llevar a cabo una correcta “digestión” del proceso (como pensar que al decir adiós al tabaco están abandonando a un buen amigo). Pero que suceda esto no significa que sea lo más usual o lo más frecuente. Lo más probable es que esto no te ocurra a ti, ya que representa un porcentaje mínimo de la gente que deja de fumar. Es más, a las personas que les pasa esto, suelen terminar fumando con normalidad. Estos estados no dejan de ser etapas previas de ese aprendizaje por el que deben pasar antes de lograr una desconexión efectiva y duradera. En el siguiente capítulo hablaremos de este APRENDIZAJE y podrás comprobar cómo cada fumador pasa por distintas etapas hasta comprender correctamente el funcionamiento de su adicción y, así, posteriormente, poder derrotarla.