Capítulo 9

Esto que acabamos de contar sucede también a la hora de dejar el tabaco. En muchas ocasiones empezamos el proceso sin preparación alguna y sin conocer la mejor manera de hacerlo. Por ejemplo, algunos fumadores piensan que dejar de fumar es una cuestión únicamente de FUERZA DE VOLUNTAD, de coraje, de echarle un par de narices. Pero, ciertamente, esto no es así. Cuando queremos dejar de fumar con la única estrategia de la fuerza de voluntad, lo que hacemos es asumir el proceso como una “prueba de resistencia”. En esta perspectiva no se trabajan las creencias erróneas. Tristemente, afrontar el proceso como una prueba de resistencia suele terminar mal. Siempre aparecen días más difíciles que otros, donde “tu musculatura mental” se resiente y se cansa, quedando vulnerable al ataque del Carcelero, sus distorsiones cognitivas y sus miedos. Para dejar de fumar, al igual que pasa con el ejemplo de la bicicleta, hay que seleccionar el camino más apropiado, prepararse adecuadamente y adoptar una estrategia que nos permita dosificar nuestras fuerzas y así llegar felizmente a nuestra meta. Dejar de fumar no significa colocarse bajo el chaparrón de los síntomas de la abstinencia; no significa “aguantar por aguantar” hasta que el cuerpo aguante; no es una prueba de “hombría” o de fortaleza. Es como si alguien empleara toda su fuerza de voluntad en pedalear hacía atrás. Tristemente, por mucho empeño que ponga, la bicicleta ni se moverá. Por ello, antes de empezar, es necesaria una preparación que en breve trataremos.