Capítulo 6

Esta situación que se da frecuentemente, deja en entredicho el supuesto poder que tienen los síntomas de la abstinencia física cuando dejamos de fumar, y el poder real de nuestra mente. Si nos lo proponemos, dejar de fumar puede llegar a ser realmente sencillo. Seguramente, cuando Enrique se enteró de la noticia de su cáncer, sus creencias erróneas elaboradas por su cerebro adicto pasaron a un segundo lugar. Incluso, pudo ocurrir que fueran destruidas. Es decir, quizás Enrique fuera uno de esos fumadores que aseguraba que “fumar no le iba a matar”. Pero en el momento que se enteró de su enfermedad mortal, obviamente, esto pudo desmontar su distorsión cognitiva principal. En ese instante, seguramente, su “yo no fumador” se impuso con valentía y coraje a su cerebro adicto y dictador, disolviendo “el golpe de estado cognitivo” e instaurando una feliz democracia. Ese ser ansiado de libertad que aún vivía dormido y latente en algún lugar de su cerebro, irrumpió de repente elaborando pensamientos mucho más coherentes del tipo: “no quiero morir tan joven”; “no quiero dejar a mi mujer y a mis 5 hijos en una mala situación económica”, “quiero ver a mis hijos crecer”, “quiero envejecer junto a mi mujer”, “me da miedo la muerte”, etc. Todos esos nuevos pensamientos que antes no estaban presentes, pudieron acabar de un plumazo con aquellas fantasías pasadas como eran: “fumar a mí no me matará”, “no voy a ser feliz sin mi cigarrillo”, “mi café no sabrá igual sin tabaco”, etc. Es decir, Enrique sufrió un auténtico baño de realidad. Esto mismo que le sucedió a nuestro amigo, también les suele pasar a mujeres que se quedan embarazadas, que sienten la imperiosa necesidad de proteger la salud del pequeño ser que crece en su vientre.