Capítulo 5

Nuestra mente, incluyendo todas sus herramientas, es decir, lo que se denomina nuestro “sistema cognitivo”, es tremendamente imperfecta, pues funciona bajo una serie de esquemas. Los sucesos que ocurren a nuestro alrededor que no encajen con nuestros esquemas serán rechazados o modificados para poderlos asimilar. Cuando nacemos, se nos dota de un cerebro que es como un ordenador nuevo, en blanco, con algunas funciones muy importantes que vienen de fábrica, como la de succionar el pezón de una mama para asegurar nuestra alimentación, el latido automático de nuestro corazón, nuestra respiración, etc. Pero junto a todo esto, existe una gran pizarra en blanco donde tú, con tu experiencia vital, comenzarás a dibujar una copia “inexacta” del mundo que te rodea. En él incluirás millones de elementos, desde aquellos que configuren tu preferencia religiosa o política, hasta los que te hagan elegir tu equipo de fútbol o baloncesto favorito. Entre otras muchas cosas, te hará más o menos machista o feminista, y determinará tu color ideal. Dentro de estas creencias, existen algunas que están fuertemente consolidadas y que son difíciles de modificar con el paso de los años. Si crees en Dios, nadie te convencerá de lo contrario en una simple charla de 20 minutos. Además, debes saber que, nuestro cerebro, tiende a recoger inconscientemente información del mundo que confirma sus creencias, y a rechazar, sin darse cuenta, las que las contradigan o pongan en tela de juicio. Todo esto te lo cuento porque quiero que comprendas que, la realidad que crees ver, es solo una copia muy particular (y no por ello menos respetable) del mundo que te rodea. Tristemente, las creencias erróneas que la adicción te ha generado, también son muy fuertes, no serán tan fáciles de derribar. Solo tu experiencia futura de verlo con tus propios ojos te permitirá descubrir que todas eran falsas. Todo pensamiento que respalde el consumo de tabaco será necesariamente falso o incierto, y hasta que tú no lo compruebes por ti mismo, deberás realizar un verdadero acto de fe. Fe en que los miedos que sientes por dejar de fumar son infundados, es decir, se sostienen sobre unos pilares que son irracionales, falsos e inciertos. Tu cerebro adicto trabaja así.