Capítulo 13

Al cerebro adicto le pasa algo parecido a lo que le ocurre a esta fábrica de madera, pero con una importante diferencia. Una vez apagamos ese esperado último cigarrillo, los tentáculos del Carcelero en nuestro cerebro comienzan a estropearse. Este deterioro es tan lento que, si fumáramos un cigarrillo durante los primeros meses o años, comenzaría a funcionar a la perfección tal y como le ocurría a la maquinaria de la fábrica. A medida que avancemos en el tiempo, el Carcelero es cada vez más pequeño y débil, pero completamente recuperable si obtuviera su dosis de nicotina. No quedará destruido en ningún momento por completo (hecho que sí le sucedía a la fábrica). Por eso, el nuevo “no fumador” nunca ha de plantearse ni siquiera fumarse una sola inhalación de humo. Los fumadores no deben aspirar a que la vieja fábrica de sus cerebros adictos quede inutilizada. Eso no ocurrirá.