Capítulo 12

Alteraciones en el apetito: Hay fumadores que pierden el apetito e, incluso, pierden peso. Otros, en cambio, ven aumentadas las ganas de comer, ya que se pueden confundir con esa “hambre de fumar” que sentimos al privar a nuestro Carcelero de su dosis de nicotina. Hay estudios que demuestran que dejar de fumar puede llegar a ralentizar muy levemente el metabolismo. Es relevante que entiendas que, en el peor de los casos, podrás coger algún que otro kilo. Esto no debe preocuparte, pues podrás evitarlo con un poco de ejercicio durante o posteriormente al periodo de Abstinencia. Es un mal menor. Otra cosa muy distinta es lo que sucede en algunas ocasiones. Hay personas que, al dejar de fumar, adquieren un auténtico arsenal de golosinas, chocolates y frutos secos en sus casas, mitigando constantemente las ganas de fumar a base de picoteo y cogiendo, consecuentemente, mucho peso. Esta fórmula está totalmente desaconsejada, ya que no te permite enfrentarte realmente al problema de privación de la droga y, además, suele terminar en un rotundo fracaso. Lo recomendable es que sigas con tu forma de comer habitual o mejorarla si fuera preciso.