Capítulo 11

Camino de cristales rotos

Imagina que estás caminando descalzo por un sendero que se encuentra lleno de cristales rotos. Miras hacia adelante y compruebas que estos se pierden en el horizonte. Te haces consciente de que el sufrimiento va a ser largo y doloroso. A medida que vas avanzando, caminas sin quitar ojo de lo que está por venir, deseando que, en algún momento, el camino deje de estar lleno de esos cristales. Estás tan pendiente, que no te fijas dónde pones los pies, y eso hace que te claves algunos trozos muy grandes y puntiagudos. Sientes mucho dolor y sangras. Al comprobar que el camino es tan largo, retrocedes, lamentándote por los profundos cortes que llevas en las plantas de tus pies.
Esta metáfora muestra cómo el caminante está demasiado centrado en saber cuándo terminará ese camino de cristales rotos. Mira solo hacia adelante, hacia el futuro, con la sola idea de terminar esa tortura. Al estar mirando hacia el horizonte, sus ojos no ven los cristales que tiene bajo los pies. No estar centrado en el presente, no le permite sortear, esquivar o apartar los trozos de cristales más grandes y cortantes, sino favorecer que los pise, aumentando las probabilidades de cortarse, sangrar y sentir dolor. Ante esta situación, la persona combina en su pensamiento dos realidades: una, el inmenso dolor que siente por esas heridas y, dos, la idea de que aún quedan muchos cristales por pisar, haciéndole concluir que las heridas se multiplicarán y el dolor irá en aumento. Eso lo termina desanimando, obligándole a retroceder.