Capítulo 11

Sabéis que, muchas veces, digo que dejar de fumar requiere de ciertos esfuerzos y sacrificios. Con esto, nunca hago referencia a “aguantar por aguantar” el deseo de fumar o los síntomas de la abstinencia, sino a llevar a cabo este tipo de consejos como el que antes os he propuesto. Lamentablemente, son muchos los fumadores que más tarde me reconocen no haber planificado actividad alguna. ¡Tu compromiso e implicación es esencial! ¡Nadie lo hará por ti!

La planificación de una nueva actividad y el cambio de ciertos hábitos son medidas que, sin duda, te podrán ayudar. Recuerda adaptar estas medidas a tus propias necesidades. A la hora de establecer cambios en los hábitos, hay quienes prefieren una rutina muy marcada, otros, cierta variabilidad. Ahí no hay reglas fijas. Ve probando y configurando la mejor manera para que tu día a día te aleje al máximo de las tentaciones. Al respecto, existen opiniones que aseguran que, lo mejor en estos casos, es todo lo contrario: “seguir con la vida normal, pues, tarde o temprano, tendrás que aprender a llevar tus cosas de tu día a día sin tabaco y exponiéndote a esas tentaciones de la vida real”. En mi opinión, y por la experiencia que tengo, observo que resulta de una gran utilidad esquivar esas situaciones tentadoras. Es cierto que hay un porcentaje de fumadores que tienen la capacidad de no inmutarse ante el ofrecimiento constante de tabaco o ante situaciones de pleno aburrimiento. Como siempre digo, cada fumador es un mundo, pero lo más frecuente, es que estas situaciones puedan suponer más un problema que otra cosa. No dudes, durante los primeros meses, evitar las condiciones que te puedan propiciar caer y coger un cigarrillo. Esto no supone, en absoluto, un paso atrás. Al principio tomaremos todas las medidas que sean necesarias para no tropezar. Ya tendremos tiempo más adelante para recuperar el ritmo habitual de nuestra vida.