1 Cigarro = 1 Bomba

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Durante los primeros años, tras dejar el tabaco, un único cigarro puede desencadenar un auténtico «cataclismo mental».

Imagina que entras en una fábrica de sillas de madera y cortas el suministro de electricidad. Inmediatamente la producción se para. Ahora ponte en estas dos situaciones:

-A los dos días, vuelves y conectas de nuevo las máquinas. La fábrica funcionará correctamente y comenzará a fabricar nuevas y perfectas sillas.

-Ahora imagina que vuelves al año y procedes a encenderlas. Las hojas que cortaban la madera se han oxidado y las nuevas sillas salen con un corte irregular. Los engranajes chirrían, pues nadie las ha estado engrasando.

-Ponte ahora en la situación en la que han pasado quince años y enciendes las máquinas. La fábrica empieza a hacer un ruido muy molesto, pues hay piezas que se han fusionado unas con otras y no pueden moverse. Algunos elementos están tan deteriorados que se parten y hacen que no funcionen bien. Las gomas de las cintas transportadoras se han endurecido y se han rajado, con lo que han quedado inservibles. Definitivamente la vieja fábrica ya no funciona a pesar de no haber sido utilizada. Sus componentes se han ido estropeando con el paso del tiempo hasta convertirse en una chatarra inservible.

Esto mismo sucede cuando dejamos de fumar. Cuando cogemos un cigarro a los pocos meses de dejarlo, la “fábrica de la adicción” de nuestro cerebro comienza a funcionar perfectamente. Con solo una calada podemos activarla. Sus componentes aún siguen intactos. Volveríamos a fumar de inmediato. A medida que van pasando los años, esta vieja fábrica va quedando inservible, sus componentes se van estropeando. Los circuitos neuronales en desuso se van debilitando, pero para eso se necesita tiempo.

La necesidad de fumar desaparece relativamente pronto, pero la utilidad de la fábrica tarda algo más en desaparecer. Por ello, si a los pocos años de liberarnos del tabaco, nos fumamos un cigarro, éste puede activar la fábrica de una forma súbita, haciéndonos recaer y comprar una cajetilla al día siguiente, esparciendo por el suelo todo el inmenso esfuerzo realizado durante meses y años.

Una simple calada en una fiesta o un único cigarrillo ante un momento delicado (la muerte o grave enfermedad de un ser querido, ser despedido de tu trabajo, un periodo ansioso o depresivo, etc…) puede reactivar tus circuitos neuronales y convertirte nuevamente en un «fumador». Recuérdalo: un cigarro nunca te ayudará a resolver tus problemas. La adicción puede aprovechar tu estado emocional negativo para volver a apoderarse de tu libertad.

Que las ganas de fumar hayan desaparecido, no significa que puedas controlar tu vieja adicción

Una sola calada puede hacerte volver a la casilla de salida, y será lo más probable

P.M. Alles – Psicólogo y escritor del manual para dejar de fumar: Fumabook

http://www.fumabook.com

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