Dejar de fumar: Quiero ser niño otra vez

¿En qué se traduce esto? En elegir una fecha sin demorarlo más; en preparar y planificar con entusiasmo nuestra nueva actividad que nos sirva para entretener la mente; en tener una actitud positiva a la hora de coger todo el tabaco, los mecheros y los ceniceros y tirarlos a la basura con una amplia sonrisa en la cara; en aceptar, como parte del aprendizaje, esas caladas o ese cigarro suelto que me fume en un momento de debilidad y caída (¡ojo!, de una forma muy puntual y excepcional)

No deja de ser un “estado de completa energía dirigida hacia el logro de vivir sin tabaco”. Somos niños, seguimos siendo niños, seguimos pudiendo demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de conseguir aquello que deseamos. En algún lugar de nuestro interior, está ese ser que caminaba cogido de las manos de sus padres y que se alegraba cada vez que estos se enorgullecían por sus logros. Ese inmenso poder de superación es el que ha hecho que el ser humano haya cambiado tanto el mundo. Los grandes hitos no provienen de los que ponen la mano sin un esfuerzo previo, de los que se esconden bajo la cama temerosos o de los que sufren esperando una vida mejor sin hacer nada para cambiarlo (sigue en pág.9)

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