Dejar de fumar: Quiero ser niño otra vez

Tristemente, con los años, cambiamos la estrategia y dejamos de intentar superar retos. Si algo me dificulta, cambio de dirección y tomo por otro camino más fácil (a la larga más difícil). Si obtengo un empleo que me exige hablar en público y eso me da miedo, lo rechazo y busco otro que quizás no me pague tanto o no me haga sentir tan realizado, pero al menos evito aquello que me está dando tanto pánico llevar a cabo. La fuente del crecimiento personal y, consecuentemente, la felicidad que eso conlleva, procede casi siempre de la satisfacción al trabajo bien realizado ligado a la superación de algún reto. No quiero decir que debamos dedicarnos como kamikaces a enfrentarnos de forma premeditada y continuada a nuestros miedos, pero sí, al menos, a no desviar nuestro camino por el simple hecho de sortear una situación que nos es incómoda. En nuestros retos hallaremos la tan anhelada felicidad, no en la agradable y calentita zona de confort (sigue en pág.7)

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