De oca a oca y fumo porque me toca

Nuestra mente, ante la proximidad del día elegido, comienza a elaborar razones por las que retrasar nuevamente la fecha a un “supuesto momento mejor”, empujándonos a lanzar nuevamente el dado. Así, año tras año, y década tras década, vamos saltando de oca a oca, fumando porque nos toca, anhelando llegar a un día en que apagar el cigarrillo se convierta en un acto sencillo y agradable. Desgraciadamente esto no va a suceder. Tarde o temprano toca enfrentarse a los miedos, enseñarles los colmillos y demostrarnos de una vez por todas que nuestra vida es perfectamente compatible con la ausencia de tabaco (sigue en pág. 4)

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