1º día

Pero aún no hemos respondido a la pregunta inicial, ¿por qué nos cuesta tanto dejar de fumar? Vamos a verlo.

Dejar de fumar cuesta, en un primer momento, porque es una adicción y eso nos provoca ciertos síntomas de malestar cuando decidimos no meter una nueva dosis de droga en el cuerpo. Pero ésta no es la razón principal por la que no conseguimos acabar con el tabaco. Imagina que te propones no fumar un día desde que te levantas a las 8 de la mañana hasta las 20 horas de la tarde, en total 12 horas. A las ocho de la tarde podrás fumar todos los cigarros que quieras. El malestar que vayas a sentir y la necesidad de fumar será siempre menor en esta situación que en aquella en que te digas y te convenzas que ya “no vas a volver a fumar nunca más en toda tu vida”. La ausencia de nicotina y la ausencia del acto de fumar como conducta, es la misma durante esas doce horas en una situación y en la otra. Entonces, ¿Por qué se pasa peor cuando sabemos que no vamos a fumar jamás?

Por un aspecto muy sencillo de entender, por la existencia de una serie de pensamientos que hacen que nuestros síntomas por no fumar (eso que llamamos, abstinencia) sean mucho peor y las ganas de encender un cigarrillo, mucho mayor. Esos pensamientos son los mismos que hacen que una persona lo pase mal el día antes de dejar de fumar teniendo aún el cigarrillo en la mano y nicotina en la sangre, le ocurre por solo pensar en ello. En esos pensamientos está la clave de todo, y son el objeto sobre el que vamos a trabajar durante estos 7 días. La interpretación que nosotros hacemos de esa situación es la que realmente hace que dejar de fumar sea tan difícil.